Bienvenidos: Revista La Urraka Internacional
Edición N° 33


Portada:
Mujeres trabajando
Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

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domingo, 8 de mayo de 2016

En memoria del escritor Fernando Soto Aparicio, el poeta Fernando Cely, quien lo conoció como pocos, nos trae esta semblanza del maestro.

SOTO APARICIO O LA REBELIÓN LITERARIA

Por: Fernando Cely Herrán
Director “Corporación Artística y Literaria  ESCAFANDRA”
Bogotá D.C. Enero de 2012

 Este mundo parece marchar hacia su desintegración, mientras la vida nos observa con los ojos abiertos, hambrientos de tanta   humanidad...  

                                                                                   Ernesto Sábato

Difícil tarea para un humilde discípulo referirse a la monumental obra de su maestro, sobre todo, sin poder evitar mezclar esa armonía, que gracias al albur, nos cruzó en un camino, que me conduce  a proyectarlo más allá de sus obras.

Nuestra relación nació hace unos 25 años en uno de los innumerables encuentros de escritores que hemos compartido; amistad  matizada con versos, anécdotas, travesuras y repentismos. Pero quizás las oportunidades de explorar a fondo su mente y corazón de magno creador, se dieron de mejor manera cuando dictamos Talleres de Creación Literaria para estudiantes de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), pues nos encontrábamos con frecuencia para ocuparnos de la  planeación de los mismos y siempre unos minutos antes de iniciar labores para degustar un café y compartir inquietudes, y también cuando asistimos acompañados por los poetas Fernando Vargas Valencia, Álvaro Marín y Darién Giraldo como representantes de Colombia, al Primer Encuentro Latinoamericano de Poesía en el Puerto de Veracruz (México) en Junio de 2010. Allí, después de cumplir las rigurosas jornadas académicas, solíamos dedicarnos a caminar largas horas, haciendo paradas en sitios de interés e hidratar las palabras con Tequilas aderezados con toda clase de acompañamientos gastronómicos y artísticos.

En esos inolvidable periplos, de manera involuntaria resulté entrevistando a mi Maestro sobre todos aquellos aspectos que conforman la creación literaria: cómo nacían sus personajes, la forma de  tejer cuidadosamente las tramas de sus libros, la manera como relacionaba  de manera coherente la realidad con la imaginación, los factores que influían para mostrar realidades sociales sin caer en el exceso. Recibí de todas aquellas sabias disertaciones, un bagaje espléndido de conocimientos, pero ante todo, pude acercarme de manera especial a las novelas y libros de poemas que en tantas oportunidades trabajé en las aulas de clase y a los que él suele entregarme con afecto para compartir sus caminos.

Llegan a miles los estudios, las tesis de grado y las referencias que en medios virtuales se ocupan de su extensa obra. De igual manera los reconocimientos de academias, universidades, centros educativos y entes gubernamentales. A pesar de  acercarse a los 80 años de edad, es evidente su energía y su inagotable talento. Recorre como cualquier veinteañero poblaciones, veredas y ciudades, dejando a su paso una estela de sencillez y sabiduría que le hace merecedor del sincero afecto de quienes tenemos el privilegio de frecuentarlo. Firma autógrafos, posa sonriente para las fotografías de quienes quieren perdurar el recuerdo de haber compartido con él, y hace honor al ingenio de sus ancestros boyacenses al desplegar su permanente buen humor y una “chispa” prodigiosa. Sin embargo, tengo la certeza de que al no enrolarse voluntariamente con las consabidas roscas intelectuales y académicas, conservando cristalina independencia, su trasegar no ha alcanzado la dimensión que merece. Poco importa, pues su vida es testimonio de rectitud y su obra, patrimonio indiscutible de nuestro transcurrir histórico. Como todo buen creador, sabe que serán los pueblos y la historia quienes realicen en su momento la valoración de su inmenso legado.

Pretendo entonces compartir algunas reflexiones, tratando de concentrarme en el mero aspecto del fenómeno de la creación y de los aportes del Maestro al panorama de las letras colombianas.

Soto Aparicio son sus libros, sus personajes sencillos, desgarrados, amorosos, expectantes, intrépidos: una amalgama de profundos sentimientos que se pasean por las páginas  de sus historias sin final, porque cada una, nos deja el patrimonio de la reflexión, la invitación a encarnar a esos seres que entre líneas parecen tan cercanos que se convierten en nosotros mismos. Cada obra de Soto Aparicio se torna en una saeta que penetra en las retinas y llega al corazón para conmoverlo y transformarlo. Cada nuevo libro de Fernando Soto es un Soto distinto, no suele repetirse ni desgastarse en perfiles, sino que irrumpe con tenacidad en la configuración de tramas que envuelven en esa telaraña extraña que atrapa y forma al público lector.

Soto es el niño, el hombre, la mujer, el paisaje, la voz del oprimido que conserva ideales, el poeta que canta al futuro, voz de América ignorada por los opresores y amada por su pueblo que lo sabe y reconoce como su hermano. Soto Aparicio es padre, hermano, hijo, compañero, consejero ante la acritud, mediador ante la aspereza, canto e ingenio para la sonrisa.

Innumerables resultan los análisis de su prolífica obra, trascendida principalmente en el exterior, donde goza de la reputación y el reconocimiento que muchos de sus compatriotas voluntariamente han ignorado, pues en una nación en que sus gobernantes conducen a la eterna guerra, nunca tendrán cabida las voces indignadas, ni las propuestas de paz en la voz de un cantor enamorado de su tierra, de sus gentes, de la viabilidad de la esperanza.

Es por eso que en sus publicaciones encontramos de principio a fin, el único factor común que se percibe en su extensísima obra, que es el particular estilo, donde el lenguaje poético es la savia que engalana los recovecos de la mente y el corazón del hombre: lo esotérico y lo sempiterno se entrelazan en un diálogo que perturba la esencia y nos coloca en el interludio entre la vida y la muerte. Es el amor que sin contornos, conduce a la expiación, a la liberación de los entornos físicos, para adentrase en procesos de inmolación como supremo dogma de amor, como sublimizada entrega.

Acertadas descripciones vienen y van párrafo a párrafo en sus libros, enlazando sus partes: unas detenidas en el escenario físico y en el entorno de esos seres contagiados de amor, otras fluyendo, como inmenso río en la espesura de la mente, otras sangrando desde el corazón en la búsqueda de los seres amados que al partir, nos legaron dolores y abandono.

Su obra abarca temáticas en lo cotidiano, pero que son mostradas tramo a tramo, con el encanto sutil de unas prosa fluida inundada de imágenes, trasladándonos a los terrenos propios del recuerdo, la evocación y la añoranza, invitando a asumir posturas en el contexto social, religioso y político, dentro de un ejercicio escritural que nos relega de la indiferencia y que seguramente será asumido por las nuevas generaciones como punto de partida, en la maravillosa experiencia de explorar raíces e identidad, menoscabadas inclementemente por procesos de globalización que pretenden dejarnos sin historia. De esta manera Soto Aparicio aporta a la humanidad la magia de su cosmovisión amorosa. No habla aquí el hombre, sino el corazón de quien se inmola en el ejercicio de proponernos nuevos y posibles universos.

Al explorar la narrativa y la poesía de Soto Aparicio, es fácil vislumbrar que en nuestra patria la palabra ha perdido su sentido conciliador. Nos estamos matando unos a otros mientras que los vocablos esperan se les conceda turno para tratar de abrir entendimientos y por supuesto voluntades.

Hemos perdido la virtud de escuchar y la hemos remplazado por el estruendoso grito del horror y el eco del lamento. Vamos irremediablemente a la nueva construcción de la torre de babel,  no porque hablemos diferentes idiomas,  sino porque el que hablamos no nos es suficiente para alejarnos de la belicosidad y de la arrogancia  La palabra debe acarrear un compromiso.  La vida está ligada a ella con un mágico cordón umbilical que conduce a la  bella proyección de la existencia.

Curiosamente el habernos convertido en uno de los territorios más violentos del mundo, nos ha permitido buscar en las diferentes expresiones del arte un acercamiento hacia nosotros mismos y a nuestras verdaderas raíces. Y ese es precisamente el sentido y legado que encontramos en las diversas obras de Soto Aparicio. Existe cierta virtud en evocar; sano es hacerlo si los recuerdos resultan gratos, y masoquista si recordar produce incertidumbre.

Bien afirmaba Borges: “aquel que juega con las palabras está jugando con el universo”  revelando intencionalmente, que el mundo concreto es aquel que está escrito y que ese testimonio es la única forma de rencontrarnos con el origen y el pensamiento de los pueblos.

Al leer y asumir la obra de Soto Aparicio, comprendemos con profunda nostalgia, que nos rodea un entorno con el que somos demasiado escépticos. Cada palabra cuidadosamente escrita nos trasciende a querer formar parte de  la nueva historia y a discernir, que aunque queramos ignorarlo, el futuro de este país está columpiándose en los parques que soportan la asfixia del cemento, está en las aulas de escuelas y colegios recreada con pilatunas, sonrisas y ocurrencias, está en miles de semáforos disfrazada de frunas, mangos, malabaristas y trapillos para limpiar parabrisas, está en los ojos que injustamente crecen entre el desarrollo tecnológico y la barbarie.... Y en esa historia nueva, emerge  la palabra como mástil mayor del navío de los sueños, dispuesta a embellecer lo perpetuable, a permitirnos amar la plenitud del sol, la caricia del agua y el arrullo del viento. Solamente valorando el legado de todo lo positivo que construyeron las anteriores generaciones y juzgando sus desaciertos, escribiremos las nuevas páginas que revindiquen nuestra historia.

A diario muchas voces claman por una sociedad justa, en que la prioridad sea el hombre. Soto Aparicio va más allá: diseñó una cátedra universitaria que dicta desde hace varios años, en la que propone metodologías para mejorar el mundo y alcanzar la felicidad, convencido de que aunque a diario se escriban tratados y se paguen millonarios estudios, niños, jóvenes y ancianos no encuentran el hábitat que les permita la sana convivencia. Nunca es tarde para remediar tanta desidia y en ese sentido las propuestas literarias se convierten en importante alternativa.

Sabe Soto Aparicio que es difícil educar en un ambiente adverso: en el aula se infunden valores que se contradicen desde el momento mismo en que se abre la puerta para el retorno a los hogares. Los estudiantes que horas antes rindieron homenaje a su bandera y escucharon reflexiones sobre  cómo  mejorar el entorno, son víctimas de la violencia familiar, receptores de noticieros escalofriantes que informan de nuestras eternas guerras, testigos mudos de una sociedad que se debate entre la corrupción y el delito.

Por eso las obras de Soto Aparicio se construyen desde el corazón, desde la pertenencia, desde la primera vocal. Por eso su trabajo debe valorarse y considerarse como piedra angular de una sociedad que merece y requiere transformarse.

Soto Aparicio me hace recordar los importantes fundamentos de Bachelard, cuando nos conduce al mundo esquemático que nos ha sido entregado; mundo que se diluye ante el influjo del mundo constructor de universos paralelos, rompiendo los linderos del tiempo para entregarse a la contemplación. En apariencia se trata de abandonar los paradigmas cotidianos del lenguaje para moldearlo de forma aún más estética y enriquecerlo con artificios y adornos insondables. De lo que se trata es de reconstruir el mundo y entregarlo en obra gris para que los demás ayuden a transformarlo. El asunto es dimensionar una dialéctica de los sentidos: plasmar lo humano y lo inhumano, convertir los sentidos en metáforas, para partir de las vivencias íntimas.

La creación no intenta tomarse atribuciones frente al lenguaje: lo muta con ingenuidad, dando la libertad de acoger o no las nuevas propuestas interpretativas, de atender sus símbolos y equivalencias, de desbordar los valores socialmente predeterminados, de utilizar estrategias que conduzcan  a la intuición, a la magia sagrada de la palabra. Desde esa perspectiva, nuestro Maestro es un creador de imágenes y cómo no serlo si gran parte de su producción la ha desarrollado como libretista de televisión y cuando varias de sus obras han alcanzado la pantalla. Cada imagen reflejada por un creador, es fulgurante acontecer, simplicidad y armonía. Conjunto de laberintos que confluyen en verdadera razón de la existencia.

Los Libros de Soto Aparicio libro han sido escritos por un niño desprevenido y limpio; ratifican la belleza que adquieren las palabras que invitan a la gran fiesta, donde los convocados somos todos, para  vivirla en la ternura familiar, en la dedicación paciente y amorosa en las aulas de clase y en el vuelo de los sueños. Hace siempre la corte en este ágape, el amor, soberano de la tierra.

Salvar al género humano parece utopía,  pero no lo es. Cuando logremos equilibrio entre lo que se enseña y lo que se vive, cuando estemos en capacidad de salvaguardar la integridad y el bienestar de todos los que pretendemos un mejor mañana, podremos establecer la coherencia: un planeta vivible en donde cada habitante se levante cada mañana, sabiendo que será útil a los suyos y a su comunidad, con seres cuyos actos se transformen en pan y sus ideales en realizaciones, para frenar la apocalipsis del progreso desdibujado.

La pedagogía no sería más que otra palabra si no estuviera acompañada de procesos profundamente humanos en donde se demuestre, sin temor, que la inspiración requiere de corazones dispuestos al diario trasegar, en el que no puede ni debe faltar la ensoñación. Estas razones validan ampliamente un propósito: que el gran legado de las obras de Soto Aparicio sea asumido en hogares y escuelas de Colombia y del mundo.

Soto Aparicio nos permite continuar siendo niños, pues en cada producción nos devuelve la fe en un país y en un mundo que en ocasiones parece perder el rumbo de la esperanza. Basta acompañar un poco sus espacios para ratificar que se trata de un ser singular que aún se asombra, y nos asombra.
Soto Aparicio es siempre renovación y novedad, al irrumpir con una desbordante actividad creadora que arrastra a rencontrarse con visiones que de otra forma le han sido reveladas al hombre desde su genética ancestral, con el mismo afán de descifrar enigmas que nos salvan o condenan. Suele sumergirnos en terrenos que nos conducen a la libertad y a la interpretación de un mundo que culturalmente nos inhibe. Por eso tiene la virtud de abordar toda clase de temáticas, pasando por la cercanía a los secretos recónditos del corazón humano y llegando a la exploración de una sociedad degradada que merece reflexión y rescate.
Pocos seres han dedicado la vida entera al ejercicio constante y acertado de la escritura, pues decidió el Maestro no optar por otra escuela que no fuera su devoción por la creación literaria, recogiendo en cada palabra los dictados de su noble conciencia y dando coherencia a su forma de vida, con la producción de su prolífica obra.
Soto Aparicio reconstruye paso a paso nuestra memoria continental; acercarnos a su obra, y hermanarnos con la grandeza de su espíritu, nos exhorta a seguir amando la lectura, a comprender ese destino común que se teje entre seres humanos, estrellas e infinito.

sábado, 7 de mayo de 2016

Entrevista que hace el escritor y poeta Rolando Revagliatti a la poeta Marina Kohon



Marina Kohon: “No se vuelve de la misma forma de los poemas que nos impactan”

Por Rolando Revagliatti

Marina Kohon nació el 8 de junio de 1965 en la ciudad de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina. Reside en la misma provincia, en la ciudad de Bahía Blanca. Es profesora de inglés. Se perfeccionó en Alexandria, Virginia y en San Diego State University, California, Estados Unidos. Dirige un instituto de enseñanza de idioma inglés donde también prepara alumnos para rendir exámenes internacionales. Como traductora de poesía colabora con los blogs Otra Iglesia es Imposible, La Biblioteca de Marcelo Leites y El Poeta Ocasional. Administra Ogham: Arte Celta Irlandés, Traducciones y Otros Hallazgos: http://oghamirlanda.blogspot.com.ar - Fue invitada al Festival de las Letras de Rosario en 2011 y 2012, al Festival Internacional de Poesía de San Nicolás 2011, a la gira con poetas galeses “Forgetting Chatwin” en 2013, a Diálogo de Provincias en el  marco de la 41º Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2015 y a la Feria Internacional del Libro de La Habana 2016. Publicó los poemarios: “La ruta del marfil”, Alción Editora, 2012, y “Banshee”, Hemisferio Derecho Ediciones, 2013, así como la plaqueta “De la chacra al cielo”, Colectivo Semilla, 2014.  

         
Confluencia es un departamento en la provincia de Neuquén. El río Limay es un curso de agua que sumando afluentes se encuentra con el río Neuquén. En Neuquén has crecido. Y un poema tuyo lleva por título “La chacra en Confluencia”.

          Tuve una infancia privilegiada por el lugar en el que me tocó crecer. Era una chacra de frutales, todo un entorno mágico, y aunque bastante solitario, ya que eran pocas las personas que recibíamos, no me pesaba porque aprendí a disfrutar los juegos con las plantas, con el paisaje, en la hamaca, explorando el entorno. Y el poema que nombrás es el que más representa esos años, los de la primera infancia, porque habla del lugar, del río, de las excursiones hasta tocar el agua transparente, el lecho de piedras, todo era parte de una experiencia que rozaba lo místico. De lo que se veía y de lo que permanecía oculto. La visión de la nena que recién cuando se transforma en adulta puede mirar en la distancia y comprender:

La chacra en Confluencia

La casa rodeada
por el camino de piedras,
piedras que chasqueaban
anunciando unas pocas
llegadas y partidas.
Un balcón estirándose
hasta tocar el Limay,
de telón barda rebelde,
un jardín,
la chacra era un jardín, toda
un pino
artífice de los rituales de navidad,
una farola-partenaire de danzas.
Una calesita y una hamaca.
Más allá
la acequia,
las ranas
besándose en la orilla,
el bajo
(sacrílegos los pasos
que osaban internarse)
los rayos de sol
filtrándose en ocres
entre las hojas caídas.
Una mesa de troncos,
un banco,
lugar de reunión de los peones.
Después, los frutales y las vides.
Por encima, el ojo de una nena
comprendiendo la abstracción de lo lejano.

          ¿En qué consistió el Club de Lectura Irlandesa que coordinaste entre 2010 y 2013?

          Nació de la necesidad de compartir mis lecturas y búsquedas de autores irlandeses con otras personas. En esa época integraba la Comisión de la Asociación Argentino Irlandesa en Bahía Blanca, y se nos ocurrió durante una reunión organizar un Club de Lectura para acercar la riqueza de la literatura irlandesa a los miembros que estuvieran interesados; luego se abrió a la comunidad toda, mediante avisos que publiqué en facebook y afiches que dejé en el pub irlandés en el que nos reuníamos. Fue una experiencia muy positiva ya que quienes concurrían leían, participaban, aportaban sus opiniones y críticas también.

          Se impone que te pregunte de dónde procede tu acendrado interés por la cultura irlandesa, galesa, escocesa… Imagino, además, que habrás visitado Irlanda.
         
¡No he visitado Irlanda aún! Espero poder hacerlo pronto. Hace un poco más de veinte años abrí mi instituto de enseñanza de idioma inglés y lo primero que colgué en el aula fue un mapa de Irlanda de una revista National Geographic que había comprado por casualidad. No sé por qué, pero ese mapa me intrigaba. Años después una amiga descendiente de irlandeses me adentró en la cultura, en sus costumbres, que encontré fascinantes. Eso me movió a leer su historia y su literatura. No tengo antepasados irlandeses, no que yo sepa. Pero de la misma forma que siento mucha pasión por la cultura ucraniana (mi abuela paterna nació en Odesa, era rusa-judía), que hasta me llevó en su momento a estudiar idioma ruso, siento también mucha atracción por lo celta. Recientemente encontré un artículo en una revista irlandesa que habla sobre la posibilidad de que una de las tribus perdidas de Israel sea la de los Tuatha de Danaan, quienes fueron uno de los pueblos fundadores de la actual Irlanda. Algunos investigadores basados en el libro de Josué, sostienen que la tribu perdida de Dan que huyó expulsada por los asirios puede haber huido hacia tierras nórdicas. Quizá. Y quizá eso explique mi gran interés por lo celta.

          ¿Cuáles serían en tu ranking los diez poetas irlandeses, de todos los tiempos, fundamentales, y los cinco contemporáneos que más te atraen?

          Yeats, Yeats, Yeats, por sobre todos. Y luego Seamus Heaney, Patrick Kavanagh, Austin Clarke, Eiléan Ni Chuilleanáin, Eamon Grennan, Ciaran Carson, Thomas Moore, Eavan Boland, Paul Muldoon, Peter Sirr, Moya Canon, Paula Meehan, Macdara Woods, Nuala Ni Dhomhnaill, sólo por nombrar poetas que me gusta leer. Varios de ellos son contemporáneos. Y nombraré cinco poetas jóvenes que me parecen muy promisorios: Caitriona O’Reilly, Stephen Connolly, Noel Duffy, Medbh Mc Guckian, Ciaran Berry.

          ¿Podrías trasmitirnos cuánto y cómo te involucra, atrae o fascina, en tanto especialista, el alfabeto Ogham, la escritura oghamica?

         
No soy especialista en absoluto en ese tema. Me atraen como símbolos de una escritura que encierra muchísimos misterios. Se cree que puede derivar del griego, hay estudiosos que suponen existe una conexión semita con alguno de los alfabetos ogham. Lo cierto es que mensajes en este lenguaje fueron siempre considerados algo muy reservado, se usaban a fin de poder comunicarse secretamente. Además, el nombre de cada letra tiene una correspondencia con un árbol; los cuales tenían carácter de sagrado para la tradición druida que llevaba a cabo sus ceremonias en los bosques.
Robert Graves creía que el poema gaélico que describe la famosa batalla de Cad Goddeu o la Batalla de los Árboles, que forma parte del libro de Taliesin, contenía secretos de una religión matriarcal celta más antigua que fue censurada por las autoridades cristianas. Graves sugería que la batalla quizá no fue física sino ideológica e intelectual y otros investigadores como Francesco Bennozo, sostienen que el poema representa los antiguos miedos del hombre hacia el bosque y sus poderes mágicos. Es un alfabeto fascinante, del cual a ciencia cierta, sabemos poco.

          ¿Prevés algún volumen que reúna traducciones tuyas al castellano?

          Estoy trabajando en tres proyectos: uno que publicará Sirga Ediciones en su Colección Perro en Bote, “Siete sonetos para una muerta” de Marguerite Yourcenar,
traducciones del  francés al castellano, y en dos más, del inglés al castellano, que prefiero mantener en secreto para que sean una sorpresa.

          Tu segundo poemario está conformado por textos inspirados en leyendas celtas. ¿Qué rasgos predominan en las leyendas celtas, en general, y cuáles en tus poemas sobre las leyendas elegidas?

          Lo mágico sin ninguna duda, que es un rasgo que me atrae, y en mi poemario, además,  los temas como la necesidad, el hambre y la lucha por la independencia del pueblo irlandés.

          ¿Será en el curso de este año que aparecerá tu tercer poemario?

          Espero que sí, aunque aún estoy definiendo algunos detalles. Hasta ahora no he pagado para editar mis libros, lo cual hace que la publicación sea un hecho que tiene mucho de fortuito, como se dice en inglés, publico “once in a blue moon”, muy de vez en cuando. De hecho, mi primer poemario apareció a partir de una beca del Fondo de las Artes de Bahía Blanca, y el segundo por una editorial independiente de mi ciudad, la misma por la que daré a conocer el tercero.

          ¿Te referirías a tu tiempo libre?

          Tengo múltiples intereses y no mucho tiempo libre que trato de distribuir de la mejor manera. En ese abanico cultivo un jardín de rosas, jazmines y frutales porque necesito mantener la conexión con la tierra que tuve en mi infancia. Vivir al compás del milagro de los ciclos me ayuda a comprender el mundo. Y además porque como decía Cicerón: Si tienes una biblioteca y un jardín, lo tienes todo.” Son tareas complementarias, la primera requiere esfuerzo intelectual, la segunda físico, y ambas son pródigas en satisfacciones.

          Estás casi recién llegada de La Habana.


          Sí, fue una experiencia que me enseñó muchísimo y que aún estoy procesando porque me impactó el pueblo cubano y su grandeza, su generosidad y optimismo. Y el paisaje. Es simplemente maravilloso, es como en esas fotos que una piensa que son irreales porque están “photoshopeadas”. El festival tuvo lugar entre el 11 y el 21 de febrero de este año, así que recién volví a Argentina a fin de ese mes. Traté de vivir entre ellos no como turista, sino compartiendo algunas de sus costumbres. Me alojé en una casa de familia, iba al mercado a hacer las compras para cocinar, tomé “la guagua” (colectivo), “la máquina” (taxi compartido). Un día fui a hacer cola a la empresa de comunicaciones para comprar una tarjeta de internet. Después de treinta y cinco minutos de esperar, por fin era mi turno. Un par de hombres se acercaron y me dijeron que estaban ellos antes que yo. ¿Cómo era eso posible? Porque en Cuba hacer la fila no tiene ningún valor, se canta el último, ellos habían cantado el último y se habían ido a sentar. Hubo una  discusión que para mi gusto lindaba con lo enardecido, en la que argumenté que si todos nos íbamos a sentar era imposible mantener el lugar. Y pasaron los hombres primero porque mis argumentos no hicieron mella. Pero al salir saludaron con amabilidad. Me di cuenta que se discutía “a lo cubano”, acaloradamente, pero que a los cinco minutos ya nadie se acordaba del entredicho.
          La otra gran experiencia fue la Feria del Libro, donde tuve la oportunidad de conocer a varios escritores, compartir charlas y lecturas. Pero también volví con la sensación de haberme perdido bastante, porque la feria es enorme y está muy atomizada. Hay eventos simultáneos en los distintos extremos geográficos de la ciudad, por lo que es imposible aprovechar todo lo que ofrece.

          ¿Tenés algún verso “que te persiga”?...

          No, no tengo un verso que me persiga, sí corrijo mucho, y eso tiene como contrapartida que le quita espontaneidad a la escritura. Como dijo Baldomero Fernández Moreno: “El poeta, como el cazador pobre, a lo que salga” y después a trabajarlo, trabajarlo.

          ¿Cómo te llevás con “las utopías”?

          Una parte de mí sigue creyendo en las utopías como una forma de aspiración a la trascendencia del ser humano. La otra parte convive con las desilusiones cotidianas.

          ¿Acordarías con el poeta, y como vos, también traductor, Esteban Moore, en que de las corrientes poéticas del siglo XX, las más interesantes son “el imaginismo y las vertientes coloquiales”?

          A eso le agregaría el surrealismo; la asociación libre de las imágenes, la exploración del mundo de los sueños; las conexiones con la religión y la mitología aportaron mucho vuelo a la poesía, y una mirada hasta ese momento única.

          ¿La humildad conduce a alguna parte?...

          No sé si a alguna parte. Tampoco veo a la humildad como virtud; preferiría tener una visión de mí misma que condiga con la realidad, que prevaleciera en mí el sentido común.

          ¿Qué narradores irlandeses considerás excelentes? ¿Y en cuanto a la música?

          Me gustan mucho John Banville, Claire Keegan, Iris Murdoch, Colm Tóibín, y por supuesto los enormes Jonathan Swift, George Bernard Shaw, Samuel Beckett, James Joyce y Oscar Wilde. Es increíble que un país de sólo 84.000 kilómetros cuadrados pueda generar literatura tan rica y variada; quizá la raíz se encuentre en la batalla idiomática que el país tuvo que enfrentar. Con respecto a la música, tiene bandas emblemáticas como U2, The Cranberries, The Dubliners, The Corrs, Lúnasa, The Pogues, Clannad, The Chiftains; cantantes como Enya, Sinead O’Connor, Van Morrison, Bob Geldof, Rory Gallagher, por nombrar algunos. El arte prospera en Irlanda.

          En un breve texto titulado “La lengua materna”, Roland Barthes afirma: “…pesimismo constante respecto a las traducciones, desasosiego ante las preguntas de los traductores que con tanta frecuencia parecen ignorar lo que yo considero el sentido mismo de una palabra: la connotación.” ¿Qué te promueven estas líneas?

          Traducir para mí es una experiencia más ligada al placer que a la insatisfacción o al desasosiego. Es cierto que en algunos poemas el traductor se encuentra con imposibilidades, como la de traducir palabras con “double meanings”, significados dobles que sólo se presentan en el idioma original y fuerzan al traductor a elegir un camino y sólo uno, perdiendo una de las representaciones y por ende una connotación de la línea o poema. Pero una buena traducción, aunque debiera tener como meta la perfección, nunca podrá alcanzarla. No obstante, el traductor oficia como puente en la Babel de los idiomas, como nexo entre culturas, lo que hace que el mero intento de acercarse a la excelencia anhelada tenga valor en sí mismo.

          Consta en tu presentación una gira denominada “Forgetting Chatwin”. (¿Cuál sería su traducción en castellano?)
         
Forgetting Chatwin, u Olvidando a Chatwin, tomó su nombre a raíz de un libro que escribió el escritor inglés Bruce Chatwin: “En la Patagonia”. Este libro fue muy controvertido debido a que el autor ficcionalizó anécdotas y personajes del lugar.  La gira con los escritores Tiffany Atkinson, Richard Gwyn, Karen Owen y Mererid Hopwood, todos residentes en Gales, tuvo por objeto presentar su obra en Buenos Aires, Puerto Madryn, Trelew, Gaiman, Trevelín, San Carlos de Bariloche y Valdivia, en compañía de los escritores argentinos Jorge Fondebrider, Jorge Aulicino y yo, y de la poeta chilena Verónica Zondek. Se compartieron lecturas en inglés, galés y castellano, se sumaron en algunas localidades los escritores del lugar, y se dieron conferencias sobre la cultura galesa. En Buenos Aires participaron la narradora Inés Garland y la poeta  Silvia Camerotto. Yo me sumé en el tramo Madryn, Trelew y Gaiman: fue un disfrute en el plano humano, y por supuesto por la poesía, el intercambio cultural y específicamente la oportunidad para discutir sobre los trabajos de traducción. Además descubrí que en el sur hay todo un mundo que parece sacado de la saga de “El señor de los anillos”: gente que habla entre sí un idioma gutural (el galés), muy apegados a sus costumbres y tradiciones.

          Martin Opitz von Borerfeld (1597-1639) definió así a “la tragedia”: “Golpes mortales, desesperaciones, infanticidios y parricidios, el fuego, el incesto, la guerra, las insurrecciones, el gemir, el aullar y el suspirar.” ¿Falta algo…?

          La traición y la mentira contrapuestos, por supuesto, al amor, la lealtad y la verdad. En la tragedia siempre hay un héroe o heroína.

          “Baladronada”, “crecida”, “homofonía”, “vilipendio”, “esquirla”, ¿a dónde te conducen?...

          Baladronada y vilipendio, quizá a alguna lectura del siglo XIX para atrás. A esquirla y crecida podría encontrarlas en cualquier poema actual. A homofonía  no me la imagino en un poema. Hay palabras que me remiten a otras épocas, expresiones que encuentro en desuso. Es una contradicción para los escritores, porque en general nos dejamos atrapar por el halo misterioso de las palabras, son límites entonces muy personales, muy tenues.

          ¿Cómo te caen los grafitis, qué te producen?

          Me encantan los grafitis, me sorprenden, son una forma de que la gente se adueñe del espacio público. Algunos son muy ocurrentes, sumamente creativos. Hay un poeta español, que se hace llamar Neorrabioso, que hace grafitis en las calles de Madrid con versos de poetas. Hace un tiempo tuve en mi muro de una red social el siguiente que es de su autoría:

Liberqué
Igualiquién
Fraternicuándo

Me parece genial. También admiro al gran Bansky, el artista inglés que usa además varias técnicas, entre ellas el estarcido de figuras y las artes plásticas en general. Sus mensajes siempre tienen críticas al sistema, como: “Disculpe, el estilo de vida que usted ha encargado no está disponible en este momento.”
          Es la forma que tiene también la gente común para expresarse, los que no tienen acceso a otros medios. Además me divierte ir caminando y encontrarme con estas frases y/o dibujos. Le ponen color a las poblaciones.
 
          ¿Acordás con que “…todo poeta tiene su biblioteca secreta”, tal como sostiene Santiago Espel en su “Notas sobre poesía”?

          ¡Absolutamente! Yo la tengo y por nada del mundo la revelaría.

          ¿Cómo se fueron definiendo tus ideas respecto de la poesía?

          Con las lecturas, indudablemente. Mucho más que con los recitales de poesía, en los que quizá no preste tanta atención a las palabras sino a la forma de decir, los gestos, los tonos de voz. Es definitivamente el encuentro a solas con el poema escrito el que me da la oportunidad de volver, releer, y en oportunidades, sentirme trascendida, modificada por la lectura. No se vuelve de la misma forma de los poemas que nos impactan.

*
Entrevista realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Bahía Blanca y Buenos Aires, distantes entre sí unos 600 kilómetros, Marina Kohon y Rolando Revagliatti, 22 de abril de 2014.