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Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

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lunes, 21 de septiembre de 2020

RAMIRO LAGOS CASTRO, LUZ EN UN LARGO CAMINO

RAMIRO LAGOS CASTRO

LUZ EN UN LARGO CAMINO 1

 Pido a los árboles de América

que te recuerden bien.

Pablo Zogoibi

Ramiro Lagos Castro: Colombia. País de estaciones verticales. Ascender o descender tierras colombianas, ejercicio que permite cambiar de clima, ambrosía para el alma. Logro con recorridos de pocos kilómetros. Emergen cordilleras,  elevadas mesetas. Ahí se encuentra  Bogotá, la fría Capital. Los océanos Atlántico y Pacífico prodigan su magia al territorio. A la altura del mar se extienden cálidas llanuras. La Cordillera de Los Andes colombiana posee agua de cristal en su cabeza inteligente y  canosa... Manantiales de agua pura, ambulan musicales. Entre nubes anida el Cóndor Legendario. Vuelan sueños gloriosos de un Pueblo épico. República impetuosa, pluricultural, multiétnica. 

Ramiro nació en Zapatoca: Ciudad Levítica. Atractivo pueblo del nororiente colombiano. Tierra natal, el aeda en capullo,  futuro bardo épico,   catedrático en potencia, abrió los ojos, vio el Cañón del Chicamocha. Agreste territorio, feracidad  generosa, donde vivir significa: ultranza. Vivir para el solaz, la plétora, la metáfora Nieto de un hacendado de Miranda, Provincia  García Rovira, Departamento de  Santander, coronel de la Guerra Mil Días. Una mujer de templo romano: Romelia Castro, su señora madre. Ella y siete hijos  hace casi un siglo, emprendieron a lomo de mula, a pie, una jornada de varios días, superaron caminos ariscos de las cabras. Cruzaron el rio Sogamoso. Llegaron a Bucaramanga: Ciudad Promesa.  Acogidos por la tía jardinera de nombre Trina. Rodeado de flores tropicales, en su casa, vivió diez años. 

Acólito de la Catedral Sagrada Familia. Estudió becado por sacerdotes en colegio privado de las hermanas Ramírez,  sólo asistían  niños de familias adineradas, vecindad en el Club del Comercio. Adolescente de pantalón largo. Va a Cali, estudia latín y sabiduría escolástica para ser “Ramiro El Monje”. Seminarista  recibió los votos, no se ordenó sacerdote. No soportó el voto de castidad, culpa de sugestivos cuerpos que beatriz-es,  isabel-es, marlene-s contoneaban en la Avenida Chile, capital Departamento del Valle. No fue aquel seminarista de los ojos negros de un poema, devoto que murió sin lamer labios sedientos de la enamorada silenciosa, vecina en el viejo convento, según versos de Miguel Ramos Cesteros. Cambia el pensamiento conservador hacia la justicia social de la revista “El Ensayo” que en la facultad teológica dirige. La luz de un escritor al andar se hace poeta. Le correspondió ser seminarista, vivió una larga carrera de parábolas, atisbó visos eternos de la libertad hispanoamericana. Su estro,  añoranzas,  visiones, construyen un legado  liberado y deliberado

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1 Texto  publicado en el libro Ramiro Lagos Castro: Luz en un largo camino, compilación de la escritora María Consuelo Barrios (Valencia- España). Sic Editorial Bucaramanga. En el libro: Un baúl lleno de bienes y otros textos de Jesús María Stapper, Caza de Libros Editores, Ibagué. 

universal. Toma a México por punto de partida, encuentra al poeta de protesta Efraín Huerta, entra en contacto con la Espiga Amotinada, uno de sus poetas  Jaime Labastida, Presidente de la Academia Mejicana de La Lengua.

El poeta Lagos Castro  vive la perennidad épica de las epopeyas  santandereanas del Cóndor y  de La Espiga de Aurelio Martínez Mutis. Lee a sus coterráneos. Entre renglones y charlas  comparte pueblos, casas, barrios, calles, caminos, prosas, versos, símiles, tropos. Halla la vorágine de su pensamiento libertario, recala su existencia en el Mester de  Rebeldía. Testigo ocular de la alquimia Güane: ancestros precolombinos. El Municipio del Socorro, imprimió en una bandera, su Índice Emancipador para la Libertad de América. Gestó  horizontes y porvenir para un Continente. Plasma en esquelas patrióticas el canto valiente de José Antonio Galán: El Comunero. Aprehende cantos oníricos. El hombre santandereano recio, alegre, vivaz, trabajador, generoso. Tiene consignas propias: ¡Siempre adelante... ni un paso atrás! y ¡Lo que ha de ser... sea! La mujer santandereana voluptuosa, aguerrida,  valiente: almíbar de mil sabores. Dueña de la campiña santandereana. No enajena su carácter, vive soberana. Antecedentes para Ramiro, se declara aeda trashumante. Su mochila llena de sueños, libros guardados en el alma,  millones de preguntas, rueda en senderos del Mundo. Hoy vemos los resultados portento de un profesor, crítico, amauta literario.

Un hombre humano...  demasiado humano

Transcurría la primavera de 1878 en Alemania, como homenaje a Voltaire tras el centenario de su muerte, el gran pensador y filósofo  Friedrich Nietzsche  publica una obra,  en primera edición dedicada al escritor francés, titulada: Humano, Demasiado Humano. Irreverente, me apropio del título, a manera de plagio,  por múltiples razones, lo entrego,  donación permanente a: ¡Ramiro Lagos Castro: Humanista demasiado humano! A lo largo de tres décadas, somos amigos. Conozco al insigne profesor, egregio escritor, ensayista consumado, crítico justo, conferenciante sapiente, investigador constante, poeta épico, “alfarero de voces”1, seminarista desertor, periodista de crónica, juglar actual. Eterno santandereano de “pie quebrado”, paladín de rebeldía.  Conozco  cuitas de su gesta académica, literaria, existencial, cuestiones que en Colombia pocos conocen. Compartimos tertulias, grupos literarios: El Callejón, El Peripatético. El Centro de Estudios Poéticos Hispánicos, la Alianza Hispánica.  Compartimos café,  cerveza, vino, en cafeterías, discotecas, bares, plazoletas de mercado. Hacemos recorridos críticos por sectores subnormales de nuestras conciencias sociales. Acendrados sentimientos prodiga a la dama de Castilla, su María Consuelo Barrios de Lagos, mujer que “mantiene su pluma errante al ritmo de diáfana castellanía”2. 

Trebejos para una biografía inmensa

Origen indoamericano. Letra uno de la primera cosmogonía, inicial mañana del hombre. Voces yaravíes con  nostalgias y esperanzas. Cántigas y melodías fúnebres. Polluelos génesis del Cóndor americano, Ramiro Lagos Castro un recolector de voces épicas.  Compilador de cantos libertarios. Abanderado del mestizaje.  Cosechero del pensamiento latinoamericano de tantas patrias: Patria grande, distinta, dispareja, igual. Recoge el “rumor acaudalado que es para nuestra historia un testamento moral y libertario” de Alberto Cortez. Recoge las quejas de Oswaldo Guayasamín: “los niños de mi escuela no juegan con el niño indio”, “mi grito se ha sumado a todos los gritos que expresan la humillación. Pese a todo no hemos perdido la fe en el Hombre”. Recoge  voces de nuestra selva: “América debe ser para quienes de verdad la aman y aman a los americanos”. Pretende favorecernos  de las garras del “Águila imperial”, ellos  “quieren poner en esta capilla del Hombre toda la tragedia que hemos tenido a través de la vida y de la historia”. Colombia la colonia más obediente. 

Ramiro Lagos Castro estudió periodismo y filología hispánica en Madrid y Salamanca. Doctorado en filosofía y letras Universidad Javeriana de Bogotá. Seminarista  Universidad San Buenaventura de Bogotá. Director Diario El Frente de Bucaramanga. Secretario Técnico Cultural del Ministerio de Educación. Secretario Ejecutivo Comisión Nacional de la UNESCO. Profesor de Literatura hispanoamericana en Estados Unidos,  Universidad Notre Dame, Indiana. Director de la Cátedra de Literatura Hispanoamericana y Emeritus Professor   Universidad de Greensboro, Carolina del Norte (La universidad creó la beca Ramiro Lagos Castro). Fundador en España del Centro de Estudios Poéticos Hispánicos. Fundador de la Alianza Hispánica. Miembro de distintas Academias. Escritor lírico, neorromántico y de protesta. Conferenciante  internacional. Galardonado en América, Europa, Medio Oriente. Su obra  objeto de estudio universitario  mundial. Aparece en antologías de América y Europa. Asistente a encuentros mundiales de escritores y catedráticos de literatura.

Investiga para su antología pionera: Mester de Rebeldía de la  Poesía Hispanoamericana. Viaja a Guatemala,  el Vicepresidente da bienvenida con un editorial periodístico, dice, “Nos visitan unas respetables barbas colombianas”. Va a Honduras, Salvador, Nicaragua,  encuentro con Ernesto Cardenal. Visitó el resto de América, investigó para otra antología titulada: Poetas Mujeres de Hispanoamérica. Su camino biográfico  se pobló de amigos intelectuales,  el poeta cholo Mario Florián, Xavier Abril crítico poético de Cesar Vallejo. Va el profesor junto a Martí: modelador de la nacionalidad, Ernesto Cardenal: teólogo de la liberación, Rubén Darío: su clarín liberador, Vallejo: “El pan nuestro”, Asturias: su “Credo”, Guillén: son de febril mestizaje. Escucha a  Neruda,  su canto al oído del leñador: “Eres hermosa y ancha Norte-América. / Vienes de humilde cuna como una lavandera, / junto a tus ríos, blanca.  Permanece Benedetti en tregua, Eduardo Galeano con  venas abiertas,  Whitman va con sus Hojas de Hierba. La marcha  continúa, los ojos se deben abrir más,  la conciencia es dignidad pura, la resignación es para los pendejos. Nos recalca  las palabras del poeta Fayad Jamís: “No hay más camino que la libertad, no hay más Patria que la libertad”. 

Ecos líricos de su voz intercontinental

Antes, otros escritores, trataron de discernir, su momento histórico. Lo hizo Pasternak a través de un artículo  publicado en el periódico Literatura e Izkustvo el 2 de abril de 1944,  hizo referencia de Verlaine en cuanto a la época que a éste le tocó vivir (época distinta a la de Stendhal, Merimée y Pushkin): “El siglo XIX había llegado a su apogeo e iba hacia el ocaso, con sus caprichos, el despotismo de la industria, las tormentas financieras y una sociedad compuesta de víctimas y de aprovechados”. El profesor Lagos  nos indica que hoy la vida sigue igual, seguro payador de los horizontes poéticos americanos. Advierte que nos alegramos con  falsos espejismos. Su fuente poética discierne. Su estro ilumina nuestra Identidad Latinoamericana sea a través de la poesía,  el ensayo,  la crónica,   la investigación. Encontramos en su luz una fuente llena de riqueza.

 Bibliografía del profesor Lagos:

Canción entre roca y nube (Madrid 1953), Briznas de una canción rota (Madrid 1954). Eduardo Carranza celebra este libro, declara para Lagos Castro su fulgurante amanecer poético: “En estos versos de tan galana inspiración, de tan gallarda andadura musical, de tan fresca y juvenil inspiración, amanece un verdadero poeta”. Los bardos de la revista Mito, Jorge Gaitán Durán y Eduardo Cote Lamus salvaguardan su voz en Europa. Sinfonía del corazón distante (Bogotá 1958), Visón del mundo eslavo (1960), Testimonio de las horas grises (Madrid 1964), Ritmos de vida cotidiana (Madrid 1966), Romances de pie quebrado (Bucaramanga 1970), Ráfagas y cántigas (Bucaramanga 1974), Poesía liberada y deliberada de Colombia –antología- (Bogotá 1976), Cantos de gesta comunera (Bogotá 1981), Romancero de Juan Pueblo (Bucaramanga 1981), Cantos de épica bolivariana (Bogotá 1992), Bodegones de eros y otros cantos (Bogotá 1995), Ensayos surgentes e insurgentes (Madrid 1999),  Cantos de la Epopeya de América (Madrid 2001), Cantar de otros cantares (Bucaramanga 2005), Vanguardia de pluma errante (Bucaramanga 2006), Frutología de eros, poesía y pintura (Bucaramanga 2007), Rimado del Cristo Roto (Bucaramanga 2008), Cantos de gesta comunera (Bucaramanga 2011).

Antologías internacionales: Ramiro  compilador y autor de Mester de rebeldía de la poesía hispanoamericana (Madrid 1974), Mujeres poetas de Hispanoamérica (Bogotá 1991), Voces femeninas del mundo hispánico (Bogotá 1991), Poetas sin fronteras (Madrid 2000), Soliluna de España –cantos de la otredad- (Madrid 2011). Ramiro Lagos, Voz épica de América (biografía) de Alicia Galaz – Vivar Welden (consagrada biógrafa de Neruda), (Bucaramanga 2005). Su obra aparece en Antología poética hispanoamericana 1978, Antología del soneto hispanoamericano 1984 de Óscar Ligaluppe, Ocho poetas hispanoamericanos en Madrid 1988. Alicia Galaz Vivar poetisa y catedrática lleva a estudio  la poética de Ramiro con una introvisión crítica de Ocho Voces Hispanoamericanas en Alta Marea de 1988. Antología de Poesía Santandereana 1994. 

Tertulias: El profesor Lagos asiduo asistente. Café Varela (germina la “Generación de la amistad” según Manuel Vegas Asín), tertulia  de Miguel Hernández, Pablo Neruda, León Felipe, Rubén Darío. Café Gijón,  también asistían los mencionados. La Ballena alegre (Café Lyon), Tertulia de los Guadalupanos (Colegio Mayor de Nuestra Señora de Guadalupe), La Cripta de Don Quijote (Café de Levante), Adelfas (Café Noche y Día), Los Amigos de Bécquer, El Circulo Filipino, Cultura Hispánica, El Ateneo y tertulias  Casas Regionales de Madrid. Ramiro conocido: “parlador de oficio”.

¡Buena siembra!  ¡Buena cosecha!

Lagos Castro un cerebro fugado. Ejerce la docencia universitaria con su talante de ensayista ‘scholars’. Igual que los profesores Rafael Gutiérrez Girardot en Alemania, Gustavo Correa y Carlos García Prada en Estados Unidos, Efer Arocha, Augusto Escobar Meza en Francia y Canadá. Habita entre  universidades de Estados Unidos y España. Va al exterior con su siembra de palabras  a partir de 1951. En 1966 un jurado integrado por los poetas Jorge Rojas, Aurelio Arturo  y Daniel Arango premia el libro Testimonio de las Horas Grises. En 1977  invitado de honor  a Lima, Asociación de Escritores del Perú, fundación del Instituto de Cultura Andina. Agosto 1982 asiste al VI Congreso Mundial de Poetas en Madrid, en El Ateneo comparte con Justo Jorge Padrón y Rafael Alberti. Escribió Ramiro una crónica  publicada en el Suplemento Literario del Periódico La Prensa de Nicaragua. Octubre 10 de 1990 homenaje a Ramiro Lagos en la Casa Regional de Guadalajara en Madrid. En 1991 Ramiro Lagos  seleccionado por un Jurado Nacional de Académicos,  recibió el premio “Laurel de Oro”, Orden Rafael Ortiz González, en la Academia de Historia de Santander, Bucaramanga. En 1996 la Universidad Católica en Bogotá  le rinde homenaje. Agosto 26 de 2001 recibe  placa, Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México, presenta sus libros Poetas sin Fronteras y Cantos de la Epopeya de América. La poetisa Iliana Godoy oferente de homenaje a Ramiro celebrado en La Capilla Alfonsina, Biblioteca Alfonso Reyes de esta ciudad,  28 de agosto,  mismo año. Año 2001, presentación del libro Ensayos Surgentes e Insurgentes, homenaje a Ramiro Lagos en el Salón Miguel de Cervantes, Casa América de Madrid, en Salamanca, España, oferentes Luis Sainz de Medrano fundador Cátedra Rubén Darío, Universidad Complutense y Octavio Uña Juárez catedrático  Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Presidente del Centro de Estudios Poéticos Hispánicos. Lagos Castro  va tras los “Ecos árabes en la literatura hispanoamericana”,  sube sobre el lomo reseco de “los lánguidos camellos de elásticas cervices” del poeta Guillermo Valencia. Junto al poeta cubano Julián del Casal  hacen parte de la “Caravana de Argel”, van por la llanura africana,  miran expirar el día árabe. Junto a Martí, Ramiro, saluda: “Sin pompa falsa ¡oh árabe! Saludo / de tu libertad, tu tienda, tu caballo”. Ramiro  oasis poético en  la duna,   acompaña la caravana que integran los rapsodas  árabes. El mérito  llevó al vate colombiano,  asistente al Congreso Internacional de Civilización Andalusí celebrado en El Cairo, año 2001. Su poema La Intifada  declamado en Árabe por el doctor Abdel-Fattah Awad Jefe del Departamento de Lenguas de la Universidad de El Cairo. Prosigue trashumante, retorna a Egipto durante el Ramadán del 2003. Va a las universidades egipcias, dicta  conferencias. A Egipto lleva lo nuestro,  nos trae  leyendas, pirámides, faraones, y sus Kasidas.

Mirada múltiple hacia su entorno de catedrático y poeta pregonero

La propiedad catedrática del profesor Ramiro  irradia  buenas enseñanzas a sus educandos de todos los países. Su legado diáfano, expuesto con razón pura,  validez requerida, trabajo dirigido a múltiples culturas. En síntesis un reconocimiento mundial a su docencia.  Dice   el catedrático Octavio Uña Juárez: “Difícil saber los miles de estudiantes del continente americano, que, guiados por su palabra, han contemplado Santiago, Granada, Sevilla, Mérida, Salamanca, Barcelona o Madrid y sus cercanías históricas y estéticas. Desde la cultura monumental y acumulada de El Prado, El Escorial, Ávila o Toledo hasta las variaciones de la aceituna en el sur o los caldos de Bierzo o de Jerez. Que de todo “sabe” este profesor y escritor, este poeta y viajero de enclaves secretos (Yo lo sorprendía en la Universidad de Boston disertando sobre la variedad de aperitivos que van desde sus “Bodegones de Eros” hasta el saboreo lírico de “Madrigal de las Altas Torres” y las hispánicas “Letanías al señor Don Quijote”)3. Compilar conceptos, significa  larga entrega. El escritor Pedro Gómez Valderrama presenta a su coterráneo en la Biblioteca Nacional de España, 1992,  “Ramiro Lagos, poeta fino y andariego, ensayista diestro y conocedor de los mundos que habita, ha hecho aportes importantes al conocimiento de la literatura colombiana y de toda Hispanoamérica. Su voz vigorosa de poeta es la voz del crítico sereno”4.  El  actor español José María Cañete indica: “Ramiro Lagos, todavía adolescente,  y paseando el despertar de la piel por la intensidad de su Colombia natal, proyectó una estructura natal de la vida. Ahora, en su más espléndida madurez, y después de haber recorrido todas las sensaciones, nos regala, una geografía para el buen caminar de los paladares exquisitos”5. Otto Morales Benítez murmura, “...Es un santandereano que ha entendido y comprendido la dimensión de la revolución comunera. Él, además, nos habla en el propio idioma de las gentes, nos trae, a la memoria los machetes, sus ríos, los caminos de Colombia. Vamos detrás de las huellas que dejaron los comuneros repasando las estrofas magníficas de Ramiro Lagos”6. El poeta Helcías Martán Góngora dice: “Siguiendo la línea del reencuentro histórico y telúrico que se nutre en la raíz popular triétnica del hombre americano, es Ramiro Lagos un fiel y desvelado continuador de la corriente continental, de la cual son máximos exponentes Pablo Neruda y Ernesto Cardenal. El mérito de Ramiro Lagos es el de haber sacado del museo secreto la verdadera efigie de Galán, para ponerla a galopar sobre el lomo endecasílabo de la octava real, por los caminos libres del idioma español. El Galán de Lagos no es de bronce, mármol  o piedra épica, sino que en la palabra del poeta santandereano reencarna en cuerpo y alma nuestro caudillo precursor”7. Rafael Díaz Borbón expresa, “Nuestro compatriota Lagos, está en la confluencia de tradición clásica y contemporaneidad del más rancio clasicismo de la forma y el toque de actualizada sensibilidad social e histórica latinoamericana”8. 

La cosecha de comentarios  proviene de distintos lugares, tiene variados matices, múltiples concepciones. José Andrés Rivas, Duke University (Estados  Unidos),  Universidad Nacional Santiago del Estero (Argentina), dijo: “Con estos cantos de épica bolivariana Ramiro Lagos se incorpora a esta vasta corriente de la exaltación del héroe. Su libro continúa en aquella línea que ya habían comenzado con sus canciones anónimas los hombres y mujeres que habían acompañado al Libertador y que luego continuarían escritores más doctos y de más alto vuelo. Lagos, que conoce a unos y a otros, elige para sus versos un camino poco frecuentado. Sus Cantos... tienen una medida y un tono que recuerdan un libro memorable: La Araucana, de Alonso de Ercilla”9. Alicia Galaz-Vivar Welden,  University of Tennessee (Estados Unidos)   comenta, “La poesía de Ramiro Lagos desde sus principios presentó un tono social que recoge la pulsación histórica no solo de su país sino de América. Es esta tónica la que veremos revitalizada con el poema épico a Bolívar. Emerge este héroe como un guía de todos los pueblos latinoamericanos. La gesta heroica es presentada a través de una poesía social que recoge la voz multitudinaria de una América que fue heroica en su lucha”. Explica la poetisa de Valparaíso: “Todo auténtico poeta necesita reflejar a su pueblo y, más allá, a su continente y, más allá aún, a todo el linaje humano. Es una preocupación legítima. A Ramiro Lagos le duele América: Indo América… Ve los caminos torcidos de la justicia o las tiranías del poder, y como un nuevo adalid de nuestro siglo nos reitera la gesta de Simón Bolívar con una gallardía cuyo valor y esfuerzo nadie osaría desmentir”10. Carmen Sotomayor, PH.D. University of Nort Carolina, Greensboro (Estados Unidos) narra, “Ramiro Lagos, escritor y profesor universitario, oriundo de Colombia, es reconocido internacionalmente como autor de tres antologías: Mester de rebeldía de la poesía hispanoamericana, Mujeres poetas de Hispanoamérica y Voces femeninas del mundo hispánico. Como investigador y crítico se ha especializado en la poesía hispánica y de protesta desde su cátedra de literatura en Estados Unidos”11. Octavio Uña Juárez, catedrático  Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, expresa, “Asiste lo vivido”, confesaba Quevedo en punto y hora. Y ello de manera especial cuando la biografía es un tratado de la vida intensa. Que éste es el caso de Ramiro Lagos, profesor universitario, poeta, ensayista, crítico literario, antólogo, periodista. Hombre de vasta cultura, colombiano de buena pasta y de buen decir. Múltiple y acumulado, camina su memorial heterónomo: desde Ramiro el monje, el glorioso Don Ramiro (por la “gloria”, que decía el otro), hasta Ramiro primero de Macondo y quinto de Madrid. Este Lagos que aquí escribe una vez más, es, ante todo y sobre todo, un “caballero andante de la lengua”, y por ello sobrepasa mundos, muros, fuertes, y fronteras. O dicho de otro modo, vive en varias tradiciones de la hermosa lengua de Castilla: la barroca y creativa del Caribe y Altiplano colombianos y la tersa y “cheli” del Madrid de sus sueños (quevedianos estos por cierto, allá por Chamberí, que él transita bajo luz de estrellas, en cualquier dirección y hacia ninguna parte), porque convencido va siempre de aquella célebre proposición heideggeriana que quiere el lenguaje como “casa del ser”. Y no solamente la ejerce hermosamente hablada a lo colombiano clásico sino que de ella cuida vigilante como arconte trasatlántico. Tal ciudadanía literaria le adviene por habitar poéticamente el mundo, como su admirado Hóldërlin quería. Lagos es sujeto de amplia experiencia  y ancho mundo: Universidades y centros de cultura de Colombia y de Estados Unidos –su reconocido trabajo en las Universidades de Notre Dame y Carolina del Norte-, su paso por la UNESCO, su ruta jacobea, múltiple y permanente por España, desde su baricentro de encuentros y de encantos: el viejo Café Varela, los “Versos de medianoche”, bajo las lunas del amanecer. Ramiro Lagos pertenece por derecho propio a los “Monarcas del hispanismo”, de amplío e intenso reinado, pero con gobiernos y providencias de paciencia, magnanimidad y humor sin límites. Nunca hizo su yo el virgiliano “Fugit irreparabile tempus”, antes al contrario renovaba día a día su fe en el “Vivamos la hora presente” renacentista y combativo”12.

Fui oferente, Casa del Gran Santander, Bogotá, libro Rimado del Cristo Roto, autor  Ramiro, diciembre de 2008,  presento apartes: “Una visión particular, desde la periferia, me permite acercarme al nuevo libro del más osado y contemporáneo juglar de clerecía, Ramiro Lagos Castro, cuyo título: Rimado del Cristo Roto. Esculca el autor, allende las Cristíadas, los vericuetos que contienen escritos poéticos que  concurren con sus versos para la denuncia escueta sobre la venta  de cada dios; y por ende, sobre la descuartización permanente de Cristo. Lo hace igual que Dante en su “intento  de reconquistar la creación de Dios para alterar el destino del hombre”. Si Dante es guiado por Virgilio y luego por Beatriz, Ramiro Lagos  guiado por la necesidad suprema del hombre miserable y su impotencia  y la musa suprema que halla en los gemidos de las voces poéticas que denuncian. De alguna manera, al igual que Dante y Virgilio, Ramiro  trata de redimir al hombre de su infamia contra el hombre. Bien sabe nuestro vate santandereano, como sabe Baudelaire que: “un pueblo de demonios danza en nuestras cabezas”,  saben ellos dos, que ante la pérdida del poder de Dios, “el diablo  maneja los hilos que nos mueven”. Inmerso dentro del Mester de Clerecía,  gran testigo  scholars,  un fabuloso actor, Ramiro Lagos,  por sí mismo, la palabra y el testimonio 

Académicos, escritores, periodistas, críticos,   evalúan, comentan, la docencia y creación de Ramiro a través de artículos, ensayos, biografías. Nombres en breve selección: Manuel Vegas Asín, Otto Morales Benítez, Sergio Rangel Consuegra, Manuel Dicenta, Tomás Paredes, Patricia Suárez, Alicia Galaz Vivar–Welden, Gonzalo Lamus, Manuel Martínez Remis, Diego de Figueroa, Soledad Santamaría, Iliana Godoy, Fernando Operé, Antonio Barbagallo, Fernando Caro, Jaime Ferrán, Eduardo Carranza, Aurelio Arturo, Alberto Lauro, José Hierro, Federico Carlos Sainz de Robles, José María Pemán, Jesús María Stapper, Octavio Uña Juárez, José Andrés Rivas, Rafael Díaz Borbón, Pedro Gómez Valderrama, Helcías Martán Góngora, Carmen Sotomayor, José María Cañete.

Libreta en mano, grabadora, al ejercicio periodístico

En el desarrollo de su periodismo Ramiro  fue tras la voz de  figuras del pensamiento y la creación universal. Sustraigo somera muestra de entrevistados: Marcelino Menéndez Pidal (Presidente  Real Academia de la Lengua Española), Vicente Aleixandre (Premio Nobel), Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Camilo José Cela (Premio Nobel), Buero Vallejo (dramaturgo), Wenceslao Fernández Flórez (humorista), Julián Marías Aguilera, filósofo, destacado discípulo de Ortega y Gasset, cofundador con éste, del Instituto de Humanidades de Madrid.

Alfabeto de un crucigrama existencial poético y épico

Pocos hombres, con certera propiedad, llenan durante su vida un amplio mundo de crucigramas existenciales.  Ramiro Lagos ostenta el halago propio del deber cumplido,  dan fe: La Universidad de Notre Dame en Indiana y la Universidad de Carolina del Norte en Greensboro, donde fue Director de La Cátedra de Literatura Hispanoamericana. Ahora  Emeritus Professor. Propiedad resultado de una formación múltiple, una notable erudición, en sana emulación de Gastón Bachelard. La repercusión de sus antologías, congregan poetas de posiciones variadas,  atrapa la diversidad. Enaltece el valor creativo de la mujer poeta. Ambula el talante  de sus libros, sus versos, sus tesis, su pensamiento. Lagos Castro de carne y hueso,  hombre de pelo crespo, barba pronunciada,  masculina estampa,   menesteres de Quijote,  menesteres de Sancho. Honrado con la vida  al tenor de su elocuencia. Voz épica que va de Alaska a La Patagonia, de Rapa Nui a Chichén Itzá. Va de Bucaramanga a Greensboro o Madrid o París. Va de Sudamérica al corazón de Europa. 

Voces extraídas por Lagos Castro,  inmersas en abecedario de su diccionario de investigador santandereano. Su enciclopedia de excelsa policromía y variados cantos, manifiesto de un valioso crucigrama existencial-épico-poético. Ubico algunos nombres impresos por una causa u otra: La Gaitana: capitana del pueblo indio, madre de la revolución. Policarpa Salavarrieta: La pola: nuestra heroína sagrada. Manuela Beltrán: mujer altanera y rebelde. José Antonio Galán: el Comunero. Simón Bolívar: El Libertador. Antonio Nariño: adalid de los Derechos del Hombre. Caupolicán: caudillo araucano. José de San Martín: de Yapeyú, de Corrientes, oferente de libertad. José Martí: líder del modernismo hispanoamericano. Emiliano Zapata, Francisco “Pancho” Villa: mejicanos sumados a la voz poética de “otro charro”: Octavio Paz, quien mira al pasado y su legado,  nos dice: “El proceso es circular. La búsqueda de un futuro termina siempre en la reconquista de un pasado. Ese pasado no es menos nuevo que el futuro: es un pasado reinventado. Cada instante nace un pasado y se apaga un futuro”.  Encontramos  a Juan Rulfo y los sufrimientos de su tierra en Pedro Páramo. 

Camina el poeta Lagos en el Mester de Juglaría. Van a la mención: Bartolomé Hidalgo, Candelario Obeso, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sossa, Facundo Cabral, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez. En “otros términos” encontramos a Sor Juana Inés de la Cruz, Sor Josefa del Castillo,  lo místico tiene espacio propio  así como lo tienen “Las Viñas de Engadí”. Recorremos renglones, encontramos la historia de una pila bautismal de antecedente inmemorial, nombres sin cesar: Rubén Darío, Amado Nervo, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, César Vallejo, Gabriela Mistral,  José Asunción Silva, Alfonsina Storni, José Lezama Lima, Nicanor Parra, Alejo Carpentier, Rafael Alberti, Jorge Luis Borges, José Eustasio Rivera, Alejandra Pizarnik, Meira del Mar, Laura Victoria, Juan José Tablada, José Santos Chocano, Vicente Aleixandre, León de Greiff, Rafael Maya, Fernando Soto Aparicio, Sergio Macías, Nivaria Tejera, Fernando Operé, Becky Rubinstein, Marta Madrigal, Louis Bourne, Mayrata O’wisiedo, Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado, Aurelio Arturo, Matilde Espinosa de Pérez, Emilia Ayarza de Herrera, Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Miguel de Cervantes Saavedra, Porfirio Barba-Jacob, Gonzalo Arango, José Luis Díaz-Granados, Rafael Pombo, Serguéi Esenin, Antón Chéjov, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Mario Benedetti, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez, Arthur Rimbaud, Luis Cernuda, Rainer María Rilke, Pedro Calderón de la Barca, Violeta Parra, Maruja Vieira, María Mercedes Carranza, Carmen de Gómez Mejía, Juana de Ibarbourou, Dora Castellanos, Jorge Manrique, Víctor Hugo, Miguel Ángel Asturias, Ismael  Enrique Arciniegas, Pedro Gómez Valderrama, Sergio Rangel Consuegra, Manuel Serrano Blanco, Vladímir Maiacovski, Stephane Mallarmé, Charles Baudelaire, Bertolt Brecht, Julio Cortázar, Jorge Rojas, Jorge Gaitán Durán,  Vicente Huidobro. Lista interminable. La presente crónica: reconocimiento a extensa y prodigiosa senda de centenario trasegar, a su refulgente ‘luz en un largo camino’, a su vitalidad perenne, a su eterna juventud, Ramiro Lagos

Bibliografía

1- Acróstico, Soledad Santamaría, Directora Tertulia Dos mil,   homenaje a Ramiro Lagos Castro,  10 de octubre de 1990, Casa de Guadalajara en Madrid.

2- Dedicatoria a su esposa Consuelo Barrios de Lagos, libro Vanguardia de Pluma Errante de Ramiro Lagos Castro. Editorial Sic-Bucaramanga.

3- “Prólogo, Ensayos surgentes e insurgentes- Octavio Uña Juárez -     Editorial Verbum –Madrid – España.

4- Portada: solapa. Pedro Gómez Valderrama. Bodegones de Eros, Tercer Mundo Editores –Bogotá D. C.

5- Bodegones de Eros y Otros Cantos. José María Cañete.  Tercer   Mundo Editores – Bogotá D. C.

6- Solapa. Cantos de Épica Bolivariana. Otto Morales Benítez. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos: Madrid –U. S. A. –Bogotá. Tercer Mundo Editores –Bogotá D. C.

7- Solapa. Cantos de Épica Bolivariana. Helcías Martán Góngora. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos: Madrid- U. S. A. – Bogotá. Tercer Mundo Editores -Bogotá D. C.

8- Solapa. Cantos de Épica Bolivariana. Rafael Díaz Borbón. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos Madrid –U. S. A. –Bogotá. Tercer Mundo Editores –Bogotá D. C.

9- Apertura (prólogo). Cantos de Épica Bolivariana. José Andrés Rivas. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos Madrid –U. S. A. – Bogotá. Tercer Mundo Editores –Bogotá D. C.

10- La poesía de Ramiro Lagos. Cantos de Épica Bolivariana. Alicia Galaz. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos  Madrid –U. S. A. – Bogotá. Tercer Mundo Editores- Bogotá D. C.

11- Portada. Cantos de Épica Bolivariana. Carmen Sotomayor. Centro de Estudios Poéticos Hispánicos Madrid –U. S. A. – Bogotá. Tercer Mundo Editores Bogotá D. C.

-Prólogo: Ensayos Surgentes e Insurgentes. Octavio Uña Juárez. Editorial Verbum. Madrid –España.

-Cantos de Gesta Comunera: Ediciones Tercer Mundo 1981. Ramiro Lagos. Bogotá-  Colombia.

-Cantos de Épica Bolivariana: Tercer Mundo Editores 1992. Ramiro Lagos. Bogotá –Colombia.

-Bodegones de Eros y Otros Cantos: Tercer Mundo Editores 1995. Ramiro Lagos. Bogotá –Colombia.

-Poesía Santandereana: Antología 1994. Gobernación de Santander.  José  Ortega  Moreno y  Luis  Lloreda.

-Ensayos Surgentes e Insurgentes: Editorial Verbum 1999. Ramiro Lagos. Madrid –España.

-Poetas sin Fronteras: Editorial Verbum 2000. Ramiro Lagos. Madrid –España.

-Debut Lírico: Editorial Sic 2006. Ramiro Lagos (poeta invitado). Bucaramanga –Colombia

-Vanguardia de Pluma Errante: Editorial Sic 2006. Ramiro Lagos. Bucaramanga –Colombia.

-Poemas de la Calle Interior: Editorial Panamericana 2007. Jesús María Stapper. Bogotá –Colombia.

-Cantar de otros cantares: Editorial Sic 2005 Ramiro Lagos. Bucaramanga –Colombia.

-Frutología de eros. Editorial Sic 2007. Ramiro Lagos. Bucaramanga –Colombia.

-Cantos de gesta comunera. Editorial Sic 2011. Ramiro Lagos. Bucaramanga – Colombia.


Jesús María Stapper

Enero 15 de 2012 

Bogotá. D. C. Colombia, Sudamérica

lunes, 17 de agosto de 2020

Prologo del libro Del origen del universo y otros misterios no resueltos

Prólogo

ESLABÓN CONVERGENTE
Vértice para un tríptico profundo

¡De La Creación del Universo y Otros Misterios No Resueltos!, libro del filósofo, santandereano Jairo Gomes Ech, dedicado investigador, ¡anacoreta contemporáneo!,  ermitaño buceador del Océano Cósmico... y en su vuelo estelar, en cruce de caminos intrincados, va más allá de dónde provenimos, de donde provienen lo invisible y lo visible: El Instante Cero, que fue antes de todo, antes de la vida, antes del enigma, allende la ¡operación uno¡  de la matemática. Obra  con vasta contemplación de lo profundo que descubre,   esculca con afecto la voz-presencia inefable,  nos entrega  la Luz Inteligente que poseen los  meandros  habitantes de la zigurat milenaria no descubierta (Alcázar de La Filosofía). Allá donde en tríptico con-viven en constante “discusión por el poder y la perennidad”-: ciencia (realidad), filosofía (razón), mito (religión), cada una, con  respectiva importancia, con su salón pertinente iluminado por pebeteros, teas, faroles característicos... Ahí perdura leve el movimiento de las llamaradas inanes del Idealismo que las circunda. Abrir El Máximo Portal (quizás furtivo) en el Cenote Anónimo, ir luego a Los Orígenes del Origen Primero, hallar la simiente, el núcleo, el vientre de átomos, protones, moléculas, que en epítome es el Universo, no es tarea fácil, no vasta la simple mirada,  la contemplación casi fugaz, tal  hizo Platón con la hoja que cayó del árbol y se incrustó entre dos piedras;  y por consecuencia, la pregunta surge del Maestro griego: ¿La hoja que nunca cambió de lugar durante dos años tuvo movimiento? 

Colombia un país de escaso (casi nulo) pensamiento a pesar de la modernidad y sus atavíos variables. Pasan los siglos y no superamos la -calidad de subalternos- que nos posee, porque así, nos lo inculcaron el fanatismo religioso y político (bruto). Si alguien colombiano piensa o actúa (distinto), tiene el “don del defecto”: la “cosa extraña”, no de la virtud, ni de la inteligencia. Siempre obedientes y sumisos, predispuestos vivimos para emular,  copiar y malformar lo foráneo. Rendimos culto a todo lo que fuere –de otros- aún en medianía de la mediocridad, y no nos atrevemos desde ¡el instinto iluso! a generar, en cualquier área, alguna génesis. No en vano, frente a algunas culturas, casi todas, tenemos atrasos seculares y milenarios. Un pensador, un filósofo, un científico, un inventor, un artista, tiene para nosotros, valor agregado si es extranjero a quien consideramos: Un Sabio, Un  Iniciado, Un Maestro; por lo contrario, si es un compatriota, en el ámbito nuestro... es un loco, desquiciado, inútil, un sin remedio.

En corolario, desde la perspectiva anterior,  Jairo Gomes Ech: colombiano, es un ¡hombre enajenado! Se sabe “escudriñador de  vericuetos imposibles“, y en la praxis, aplica la filosofía de su razón-profesión (ingeniero además y por si acaso), a la suma de un arsenal de ciencias (todas,) que concatena,  familiariza, integra, hacia la optimización de un resultado consciente, visionario... y en lo posible: tangible. Habitan en su extensa contemplación, la realidad y lo pragmático y... el sueño. Santandereano se atreve al extremo y sobre sus hombros recibe una -cordillera de peligro-, pues osado  aplica el eslogan vernáculo: “lo que ha de ser, sea”. Escruta. Refuta  o afirma bondades reales, no hipotéticas, de La Inteligencia Cósmica. En su discernimiento, atravesamos Eras de Sueño, nos convertimos en Factible Realidad, a pesar del sostenido miedo a la: Quimera. Comprende el filósofo que  para la actual Humanidad sólo existe un silogismo válido: vender-comprar-exhibir, en cuyo pobre resultado deshabita La Esencia,  perece El Espíritu (pensamiento). Recuerdo, leí el título del anterior libro: De los paradigmas de la Filosofía y la Religión, y ante la sugerencia sospeché: en qué indescifrables embrollos entró el autor (denso y pesado océano), y no me equivoqué.

Atisba Jairo Gomes Ech –pensador asiduo-, investigador de lupa -casi espía-, en el insomnio, en la madrugada, entre el claroscuro protector de la lámpara de petróleo colgada en el cuchitril del discernimiento, con el presente libro ¡De la Creación del Universo y Otros Misterios No resueltos! la: Teoría Numérica del Universo. Menuda su misión. Solo va por  senderos,  laberintos de hipótesis, teorías desprendidas de científicos, filósofos, teólogos, sabios,  se adentra en inefable cueva. En buceo  sin escafandra protectora, sin cilindro de oxígeno, palpa las Evoluciones Numeradas [Quinta Evolución... y (“otras más”), amén de la eterna divergencia: cruenta guerra  entre Evolución e Involución]. Respira profundo y realiza Evaluación de La Materia Orgánica. Supo en su escudriñar que La Filosofía llegó a La Partícula Cuántica antes que La Física. Sonríe porque  Hipótesis Especulativas son permitidas en La Filosofía no en La Física. Un gnomo susurra a su oído abierto y dice que existen Revelaciones Místicas de -otro tipo-. En La Finalidad suya, el Salto Cualitativo: ¡La Filosofía: Único Rector del Pensamiento! Nos insta a los colombianos a través de su proceso escrito, el ir hacia Lo Distinto de cualquier ámbito: ciencia-tecnología, por ejemplo, para que no sólo seamos el: Observador Hipotético (temeroso), y acá de mi parte invito: mejor que fuéremos a partir de ahora, el Observador Real, para que seamos capaces de ver, estudiar, analizar y discutir... refutar, afirmar: crear. En Colombia, por miedo y atraso y fanatismo, no entendemos que hasta ahora sólo hemos sido: Observadores Hipotéticos con relativa pereza y grande miopía. ¿Entonces cómo descubrimos que cada ciencia debe incorporar un Trayecto Filosófico? Jairo en su “rol erudito”, refuta a Aristóteles... poquito pero lo hace. Sea posible que en El Encuentro Sideral utópico, Era lejana, tarde bohemia, como antaño en Atenas y El Ágora (hipótesis especulativa mía), sumen los dos, amontonen y luego separen, trocitos irregulares en la forma, de La Antimateria. El filósofo santandereano sin saberlo (tal en psicoanálisis, el –actor profano- del acto, según Freud) aplica con la “hoja platónica” que cayó del árbol, antes de su desplome, un avance inconmensurable, que el sabio heleno no alcanzó a configurar. La hoja: una actriz en la mañana y sobre ella la gota de rocío (un naranjo, un cedro, pueden ser, ustedes inventan el árbol). Al mirar la gota, Jairo Gomes Ech encargó a su tacto, descubrir el corazón invisible. Lo halló dentro, parecía “un milagro”,  aplicó la perfecta cirugía, lo sustrajo con precisión matemática, realizó la requerida “operación existencial” y nació la obra: ¡De la Creación  del Universo y Otros Misterios No resueltos! Hallar los puntos de equilibrio en teúrgia convocados por el autor para el Gran Discernimiento, para la aprehensión,  la valoración exacta y generosa de cuanto nos rodea, sobrepasa la utopía, el sueño, el tiempo, el pensamiento. Emprendimiento difícil como hallar el vértice único y verdadero de donde se desprenden el Bien y el Mal. Aplican para la investigación en estos renglones, “un arsenal de ciencias” que no sólo suman, no sólo se integran, también confabulan; por ende, embriagadas se portan convergentes y  divergentes.  Amigas y hermanas hablan de los Hallazgos de La Verdad y, cada una, por defender su propiedad (dueñas)  física, intelectual, moral, casi “van a la guerra”. 

Jesús María Stapper 
Colombia  Enero 16 de 2020
Pozo invisible del Río Magdalena

jueves, 13 de agosto de 2020

El cuento en La Urraka


El día de todos los vivos…

Minutos después un desgarrador silencio 
se esparció por todos aquellos confines reunidos,
 y la tierra se detuvo a las cinco y trece minutos 
de aquella tarde apocalíptica. 

MUCHA GENTE CAMINABA de prisa y en todas las direcciones que se podían tomar en una gigantesca explanada construida con muchos millones de broquetas de arcilla quemada, que por un lado seguían infinitas hasta perderse en un vasto horizonte que parecía ser de fuego, y por el otro, hasta unas babilónicas jardineras de mármol dispersas hasta la gradería de lo que a simple vista parecía ser el atrio de un descomunal castillo con forma de catedral o una catedral con forma de castillo, pero que de cualquier modo, infundía miedo en lugar de fe, y a la que Jaime no recordaba haber visto jamás en su vida.

Pero la muchedumbre por millares estaba ahí, muy alborotada, nerviosa, ataviada de sus mejores prendas y portando una infinidad de flores, regalos y numerosas bambalinas dando bienvenidas. Todo esto sucedía en medio de un bullicio tal, que hacía ladrar a un batallón de perros desconcertados. Jaime no llevaba nada en las manos, caminaba despacio entre la turba, totalmente confundido, sin saber a dónde ir y buscando no sabía qué cosa.  A su paso se percató de algo aún más sombrío… que nadie lo miraba… como si no lo pudiesen ver… como un fantasma… como si él no estuviese ahí.  Escuchaba las conversaciones en los grupitos que se formaban aquí y allá, y pudo darse cuenta que hablaban de todo lo humano, hasta de fútbol y gestión municipal, pero nada que tenga que ver con aquella extraña cita de multitudes.  El asunto, aunque irracional para su lógica mortal, parecía demasiado serio para preguntarse si todo aquello tenía un ápice de realidad o era otro de sus sueños tercos y rebeldes que solía tener por aquella época de su vida.  Pero las cosas estaban sucediendo delante de él como si realmente fueran ciertas. 

Se encontró con Javier Ponce, un amigo de siempre, portaba un regalo, estaba tan feliz y entusiasmado que pasó por su lado sin mirarlo, saltando con una alegría larga y rebosante: ¡mi viejito!... ¡mi viejito! –gritaba-  y muchos pasos más adelante vio una anciana vestida de novia, el bouquet y el vestido parecían una ruma de pergaminos arrugados y amarillos que terminaban de deshojarse en el aire, el velo estaba tan carcomido como las fisuras de sus dientes y estaba gritando a todos los que por su lado pasaban: ¡Sesenta años esperando!... ¡Sesenta años esperando¡… mientras otras ancianas le piden que se calme y le untan la nariz con agua florida. Minutos después Jaime llegó hasta el otro extremo de las masas, y fue ahí donde tuvo la certeza de que no soñaba al momento de sentir en su pierna izquierda los afilados dientes de un mastín que vigilaba un elegante anciano con apariencia de cera y sentado en una silla de ruedas a la que frenaba con su lujoso bastón. ¡No!... dijo tratando de razonar, el perro me mordió y me duele la herida!... !Estoy sangrando!... ¡No es un sueño!... todo esto es real,  tras mío no existe nada, ni campos ni montañas ni cielo, pero todo es real, no sé qué lugar del mundo de los humanos es este pero sé que estoy en él… ¿Qué es lo que esta gente está esperando?... es obvio que esperan algo que no viene todos los días o nunca antes vino a este mundo.

Jaime atravesó una vez más toda aquella parafernalia de hormigas humanas, y se detuvo frente al graderío del enorme atrio donde muchos individuos que semejaban una  fila de frailes estaban ahí parados con las manos y el rostro oculto en sus hábitos, formando una gran media luna y mirando hacia el descomunal umbral de la gran iglesia o del gran castillo.  

¡Definitivamente  algo se viene!... pensó, si no es otra visita de su santidad el Papa, es la segunda venida de nuestro señor Jesucristo- dijo en voz alta como pasar la palma de sus manos desde sus orejas hasta su nuca. Luego la incertidumbre de no estar preparado para tal acontecimiento le hizo agachar la cabeza, como un impío avergonzado ante los ángeles trompeteros bajo un cielo abierto como un libro. Minutos después un desgarrador y mordaz silencio se esparció por todos aquellos confines reunidos y la tierra se detuvo a las cinco y trece minutos de aquella apocalíptica tarde. Un extraño olor a advenimiento inundó los aires, marcando así el momento exacto en que el  colosal portón de robles gigantes empezó a descuajarse lentamente de los muros, hasta caer y hacerse añicos como una cripta egipcia en medio de una polvareda que azuzó aún más el desconcertado alboroto de los perros. De pronto… ¡Aleluya, aleluya! gritaron los viejos, los niños se silenciaron con violencia apretando más la mano de sus padres y una columna de extraños personajes ataviados de blanco hizo su aparición desde el fondo largo y oscuro de lo que parecía ser la nave principal de aquella fortaleza. Empezaron todos a salir y segundos después se veían interminables, pero al llegar al último peldaño del atrio rompieron la fila y se arrojaron con sus famélicos y pálidos brazos abiertos hacia la gente, y de repente todo aquel universo se llenó de gritos, risas, abrazos, llantos, vértigos, desmayos y fotos. Jaime no reconoció a nadie de aquellos extravagantes visitantes, los que no terminaban de abrazar y colmar de apretones y caricias a la gente. 

¡Aleluya, aleluya! seguía entonando un viejo arrodillado con los brazos y su bastón de palo al cielo… ¡Han vuelto!... ¡han vuelto! gritaba una campesina viuda junto a sus tres jóvenes hijos que estrujaban entre los dedos sus sombreros de puro nervios.  Jaime llegó otra vez hasta el anciano de la silla de ruedas que ya estaba sin la vigilancia de sus perros, que junto a toda la legión de canes que estuvieron ahí salieron espantados de aquel lugar, pero sin llegar a ninguna parte. Se le acercó al oído y con la esperanza de que esté vivo y le habló alto y claro: - ¡Señor!... ¡señor!  ¿Quiénes son esos individuos? 

El anciano levantó una de las manos con la que sujetaba su elegante bastón y se quitó el sombrero de paño negro, giró la cabeza un poco y sin mirarlo a los ojos le contestó: ¡Nuestros muertos!... han venido a visitarnos… y estoy esperando que me lleven… 

Un espasmo cimbró sus intestinos contra sus costillas, su mandíbula se le descolgó de pavor, su lengua desmayó en una violenta deshidratación, y un árido polvo le desoló la boca. Sin poder pronunciar plegaria alguna, Jaime comprendió entonces que todo aquel laberinto de capillas y ventanas rodeadas de jardineras de mármol no era otra cosa que el enorme cementerio de la ciudad, y el estruendo que se escuchó fue el crepitar de las lápidas que se quebraron juntas contra el concreto. Tomó su izquierda y sin dudarlo empezó a alejarse de todo aquello, sin saber hasta dónde. Pasó junto a su amigo Javier Ponce, quien a carcajadas abrazaba hasta los aires a su padre, enflorado hasta las orejas, y en ese momento recordó que él mismo estuvo en el funeral del anciano, y unos metros más allá, aquella vieja vestida con traje de novia estaba contrayendo nupcias con un joven, apuesto y difunto novio, después que la muerte los separó y la dejó vestida por sesenta años.

Al ver los últimos congraciados, que ya estaban sentados en unas mesas cubiertas de flores comida y vino, riendo a carcajadas de los chistes que contaban sobre almas y calaveras, apretó el paso y optó por alejarse aún más, pero de pronto, este se volvió pesado y tembloroso, empezó a apoderarse de él un espantoso e implacable deseo de detenerse y voltear tan solo un poco la cabeza, y la desgarradora sensación de que uno de aquellos recién llegados lo estaba mirando desde su costado más temeroso, terminó por petrificarle la mitad de su cuerpo contra el suelo.  

Apenas tuvo unos segundos para echar de menos a su familia que debería estar en el mismo lugar en el que el resto de la creación se había quedado esperando por él, antes de desorbitar los ojos y darse cuenta de que su padre era uno de aquellos de los que habían regresado.  Rápidamente volvió la mirada a su camino y apretó aún más el paso, sin creer en nada de lo que había visto. ¡No!... mi papá estaba vivo ayer… no es nada ni nadie¡ – dijo— ¡Estoy sugestionado eso es todo!... ¿De dónde se habrá escapado tanto loco en un solo día? Pero era inútil, irremediablemente volteó una vez más los ojos que ya pedían misericordia, y lo mismo, su padre estaba ahí, a pocos metros de él y acercándose.  

 Pasos más adelante se detuvo y levantó la vista al frente, y vio que no se dirigía a lugar alguno, puesto que no había nada delante de él, solo un lejanísimo horizonte que parecía haberse hundido en los profundos océanos del sol, puso sus manos en la cintura y echando el torso hacia atrás levantó el rostro hacia donde antes estaba el cielo y rezó, luego cerró los ojos y por unos segundos respiró lento y profundo, necesitaba oxigenar sus  pensamientos sorprendidos y aterrados, pero también hubo un momento en que sus pulmones llenos de aire se  congelaron violentamente, cuando escuchó la voz de su padre llamarlo por su nombre desde muy cerca. ¡Jaimito!... ¡Jaimito! - le dijo con una voz suave y clara, ¡Jaime¡... ¡Despierta hijo! ... ¡Jaime!...!Despierta!...¡Has dejado el DVD y el televisor encendidos!... ¿Jaime?...¿Estás sonámbulo? !Apaga tus aparatos!... eso te pasa por ponerte a ver películas tan tarde!... ¡Descansa que en un par de horas tienes que ir a trabajar¡...

 Jaime despertó, prendió la luz de su lamparín, se sentó en un borde de la cama y miró fijamente a su padre como nunca lo había hecho desde el día que nació, y vio que éste había envejecido, que sus pasos lo habían acercado en un buen tramo hacia la muerte. Luego de unos minutos prefirió pensar que somos todos los que cada día nos acercamos un poco más al final, y un par de horas más tarde, mientras se vestía para ir a trabajar, se preguntó si realmente la muerte era ese final que nos espera a todos, o por lo menos si era ese el fin de la vida tal y como la conocemos en este mundo.

 Por la noche después de tomar su baño fue a devolver las cintas de video que había rentado, iba pensando en que así como los vivos acostumbran visitar a los muertos, era razonable soñar que los muertos visitan a los vivos. Cuando indicaba su código de cliente al chico encargado, este le dijo: ¿Qué le pareció la película? - y luego de unos segundos agregó - Todos estaban muertos y no se daban cuenta. Jaime se quedó mirándolo y antes de salir apenas le respondió: Sí, todos muertos menos mi padre.

Cajamarca –Perú- 2000

Escritor Waldo Alfonso León Cabanillas (Perú)

lunes, 20 de julio de 2020

Las poetas en La Urraka: Poeta Carmen Molina Aguilar

Carmen Molina Aguilar

Titán me seguirá esperando

       El olvido está tan lleno de memoria... 
                             Mario Benedetti

Fracciones de memoria
rastreadas, como vulgar sabueso.
Pequeñas gotas deslizándose
en un recipiente vacío:
toc
toc
toc

Que tenías razón 
en lo de tomarse las cosas con calma
que tocaba ocuparse de cosas importantes
que Titán me seguirá esperando 
para sentarme en el borde 
con los pies colgando.

Supongo que ninguno de los dos tenía
lo que el otro andaba buscando.
Y ahora olisqueo cualquier rastro tuyo
aun sabiendo que en un tiempo
dejaré de buscarte.

*********************************
Chinchín no es el sonido de las copas al brindar

Levanto mi vaso para desbeber 
el brindis
ahora 
que dejaron de rozarse
las copas que nunca nos nombraron.

-Chinchín no es el sonido 
de las copas al brindar-

Cuando el vino desvierta su líquido
sobre su cáliz
será su

gota

a

gota

derramada.

La que desbrinde 
por nosotros.

**********************************
Si no volviera

                        A Javier

Si no volviera el aire a tu pecho
si el universo no velara ya nuestro sueño
y la luna no brillara en tus cabellos.
Si el mar no te mirara a lo lejos
el mar, como el de las viejas fotografías.

¿Qué hemisferio helado abrirá nuestros días?
'Ya tu voz perdida en el almendro 
y el almendro en flor'

Yo quisiera que nacieras de entre las flores
porque la ceniza mancha mis dedos
y los versos me queman en la boca.

Pero el viento de otoño mueve los árboles 
y las ramas, a mi paso, tiran sus hojas.

Escritora y poeta Carmen Molina Aguilar (España)

viernes, 17 de julio de 2020

Los poetas en La Urraka: 3 poemas del poeta Daniel Gutiérrez García


Poeta Daniel Gutiérrez García, con su poemario:
Sitiada por el olvido


Generación xy

Poetas que sólo escriben al alba 
y en paradoja nocturna se juntan,
para decidir los textos cósmicos 
de la incumbencia,
poetas de elegidas retóricas que 
ellos mismos escrutan,
mientras celebran su auto concedida prominencia 
en la misma torre de marfil que blinda de enfrentar
la desenfundada crisis o las detonaciones de violencia.

Poetas que transitan  
con algún instrumento a cuesta 
y las estrellas o la luna en la punta de los labios; 
poetas que no hablan de la balanza del IVA y la decadencia, 
la canasta y la sumada inflación de los resabios;
poetas bozales que no manumiten su prosa o su canto
poetas canónicos, poetas mansos;
poemas de afonía social sin entrenudos, 
poetas de la generación xy que habla para el silencio.

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Proximidades 

Vecindad de rutina diaria 
de costales rotos,

de hierros y reciclados 
utensilios, como timbales, 
que en la plenitud del día 
causan un peculiar songo, 
entre los trompetazos del 
sollozo continuo, de las bocas 
embaladas, del grito airoso.

Vecindad de vibración clandestina,

que en el horizonte repica, 
cuando la noche es conmovida 
por los parlantes diurnos secretos 
y el tímpano forastero detalla 
una flotante música, sus casquillos, 
sus aullidos, los prendidos ecos.

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Un pájaro relajado sobre el semáforo 

El mundo parece siempre estar 
en verde consumista como este semáforo,
sobre la avenida van los movimientos en convulsión,
swing desenfrenado de pasos y ruedas
con la sonoridad de los megáfonos, 
las riñas cornetas y las altaneras sirenas nos entrega.
Preciso detenerme como ese pájaro, 
mucho antes que llegue la roja aparición de la muerte 
que bruscamente nos frena ante ese paso peatonal 
dónde solo quedaremos aparcados ante el desvarío y 
al frente tan sólo cruzará nuestro propio sin sentido.

Escritor y poeta Daniel Gutiérrez García (Colombia)

jueves, 16 de julio de 2020

Las escritoras en La Urraka: 3 cuentos de Paola Sualvez

Paola Sualvez

El druida

Esperaba un apretón fuerte de manos, algo que correspondiera con su dignidad de hombre sabio. Supongo que mi desagrado lo hice evidente en mi expresión, pues me ha seguido con la mirada hasta esta cascada artificial donde me asignaron. Preparo mis preguntas, pero al leerlas de nuevo siento que no son trascendentales. Ruego para que no me escojan y pueda servirme de los otros que tienen más experiencia. Así sucede. La rueda de prensa transcurre lenta y sin ninguna novedad. Del druida todo se sabe, todo está dicho. En algún momento se acerca a mí y me ofrece su brazo para que lo acompañe. Me pregunta mi nombre. Los demás observan y sin disimular me hacen señas para que grabe la conversación. De cerca no es tan viejo como aparenta, quizá unos sesenta años y una sonrisa tan irresistible que es imposible no contagiarse. Me muestra una rama que pende del único árbol que hace parte del jardín interior.
—Dime, Luz, esa rama seguirá siendo parte del árbol cuando caiga o dejarán de ser un todo. 
—Somos un todo con la naturaleza y aunque caiga seguirá siendo parte del árbol —Traté de responder de acuerdo a su filosofía de vida.
El sabio levantó su túnica y dejó al descubierto su brazo derecho completamente emaciado, como si no tuviera vida 
—No es cierto, hay cosas que ya no hacen parte de uno realmente, pero no es fácil prescindir de ellas.
Su brazo era mudo testigo de ello. Podía moverlo, pero era como si no fuera parte de él. 
—En la vida hay cosas que creemos parte de nosotros haciéndonos débiles, pero no tenemos la valentía para separarnos de ellas. 
El druida desprendió su brazo muerto y me lo dio diciendo unas palabras que todavía hoy no entiendo. Luego desapareció dejando una estela azul impregnada de nardos y violetas.  
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Compulsión

El aroma que despedían, los empaques brillantes y la anatomía de las letras con sus curvas y volteretas surtían en él un efecto irresistible, una lucha interna de la que salía vencido. Sabía muy bien que lo vigilaban y que, además, era una reincidencia. Con seguridad lo esperaría la cárcel. Unos meses quizás. Pero no pudo más. El deseo era superior a él. El deseo era su sangre y sus pensamientos. Con un movimiento rápido tomó la caja y la guardó en el bolsillo de su pantalón. Sentía que todo le daba vueltas, que le faltaba el aire y apresuró el paso tropezando una pila de galletas de soda. No se detuvo y siguió con el botín sin mirar a nadie. Solo faltaban unos pasos para cruzar la puerta, pero la delatora pitó con fuerza. Sus ojos se cruzaron con los del vigilante
—Señor, disculpe. Hemos llamado varias veces y nada que vienen a arreglarla. Siga, siga.
Tembloroso siguió de largo, se sentó en el Parque de los Viejos para disfrutarlo, sacó la caja, sus ojos se llenaron de lágrimas ¡no podía creerlo! otra vez se había equivocado, con resignación tomó el chocolate blanco y se lo dejó a los pájaros o los perros, que según él, eran los únicos que podían comerlo.
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Cosmogonía

El gran árbol extiende sus raíces a través del tiempo y el espacio. Es omnipresente y omnisciente. Sus frutos son seres pensantes que caminan a lo largo de la línea de la vida dibujada por el sembrador de luz,  lee en voz alta el pequeño Aristóbulo en la clase de Historia de la religión, al tiempo que sonríe. Sabe que la duda es una constante en su pensamiento, que nadie puede explicar a ciencia cierta dónde está ese árbol o la línea de la vida. 
Yumarata escuchó atentó aquella voz que era como el trino de cientos de aves: Eres tú, el destinado a proclamar mi verdad hasta el fin de los tiempos en sucesivas reencarnaciones. Tú, eres y serás fruto y semilla que se dispersará como las raíces del gran árbol. Raíces que son las venas y arterias de mi creación, que es una y todo a la vez; no hay divisiones ni diferencias entre unos y otros, pues lo que hagas a aquel se reflejará en tu propia luz, continúa leyendo Aristóbulo, ya sin poder evitar la risa  que lo enfrenta no solo a la maestra, sino a todo el salón de clases. No puede argumentar nada en su favor. El libro sagrado es verdad aceptada en su totalidad. Cuando su madre llega para recogerlo, lo mira con resignación. Habla con la rectora y recibe los papeles del niño; la falta es muy grave. Al salir de la oficina, el pequeño la espera con una sonrisa, lo mira con ternura y le toma la mano. 
—Bueno, ¿qué hacemos?
—Buscaremos otro colegio. Alguno habrá. Sino aprenderé solo en casa.
—Sabes que no puedo dejarte solo en casa, ¿por qué no haces un esfuerzo? Yo tampoco creo en esas cosas, pero lo guardo para mí. ¿No habíamos quedado en que lo vieras como una gran fábula? Además, son historias bonitas ¿No lo ves?
—Sí, pero no tuve tiempo de prepararme mentalmente para leerlo delante de todos. Y sabes que todo no es fábula. Hay verdades escondidas ahí.
Entonces, Aristóbulo se encendió desde adentro como si millones de luciérnagas habitaran dentro de él.

Escritora y poeta Paola Sualvez (Colombia)

El cuento en La Urraka


Las islas de Humberto Domingo

Por Pedro Linares

Desde niño he soñado con islas. «Soñado» es una manera de decirlo. Más bien «he imaginado». Todas mis historias, cuentos y relatos transcurren en alguna isla. Hasta cuando describo un lugar en tierra firme hay un lago o un río cerca,  y en, el lago o el río, una isla. Tal ha sido la intensidad de mi imaginación que actualmente vivo en un lugar que es “casi una isla”. Las Palmas es una península que se adentra en el mar a través de una breve y delgada extensión de tierra que transcurre entre manglares y médanos hasta la pieza principal del pequeño territorio donde está el asentamiento. Prácticamente el lugar está rodeado de agua. El mar por un lado y el ancho río San Antón por el otro. El histórico río San Antón, en cuyas aguas estuvieron fondeadas las naves de don Juan de Grijalva allá por el año de 1518, como lo refiere Bernal Díaz del Castillo en su libro «La verdadera historia de la conquista de la Nueva España».

Hay quien habla del poder de la mente. Yo prefiero pensar en el poder de la imaginación. En un pasaje del libro «Ilusiones» de Richard Bach, Donald Shimoda dice a su discípulo: «Si tienes una imaginación del tamaño de una semilla de sésamo, todo será posible para ti». Más allá de la broma —porque eso es, o al menos así me parece—, a través de la imaginación he llegado a vivir hechos que de otra manera me hubieran resultado imposibles.
      Empecemos con las islas.
En mi niñez leí una obra de Daniel Defoe basada según esto en las aventuras y desventuras de un marinero escocés llamado Alexander Selkirk. Estoy hablando naturalmente de Robinson Crusoe. No leí el libro propiamente dicho sino una historieta bellamente ilustrada basada en la obra del escritor inglés. De ahí nació mi afición por las islas creo yo. Despertaron mi imaginación las novelas de Julio Verne y de Emilio Salgari. De esta manera empecé a imaginar historias fantásticas.

Mi primera creación fue un mundo todo de agua salpicado de islas y archipiélagos. Ahí se desarrollaba una guerra entre dos potencias: los reinos de Anayagor y Capabín. A ese mundo virtual se llegaba a través de una especie de puerta tridimensional que desembocaba en una gruta en medio de una isla volcánica deshabitada. Hacía yo recorridos en medio de la espesura, nadaba en sus arroyos y bebía aguas de sus manantiales, y al final escalaba un promontorio. Desde ahí me dedicaba a mirar el ancho mar hasta que en alguna ocasión una embarcación —un velero— apareció en el horizonte y fui «rescatado»(1) . El resto de la historia se traduce en la descripción de las batallas navales y de los distintos lugares a donde aquel navío me llevó en su derrotero. Como historia infantil o juvenil no estaba del todo mal. La guardé durante muchos años hasta que a finales de los noventas Kevin Costner protagonizó un film que parecía tomado de mi cuento. Me parece que se llama «Mundo acuático». Es una fantasía sobre la supervivencia humana después del hipotético descongelamiento de los hielos polares. Yo no entiendo mucho de cine, pero me dicen que la película fue un fiasco con todo y que gastaron sumas millonarias para su puesta en marcha. Para mí lo fue más porque hizo que desechara la idea de escribir una historia parecida ambientada en un pasado remoto e imaginario. Y me cuenta la señorita Conti que anteriormente Mel Gibson había realizado una historia semejante. También fue una obra distópica con menos presupuesto y mayor éxito que el film de Kevin Costner.

Vinieron otros relatos de navegantes que viajaban a islas remotas. Ambienté algunos cuentos en la Atlántida y en un mundo luminoso en el centro de la tierra.
Más tarde imaginé otro escenario para mis relatos. Este nuevo mundo fue «La villa de la isla del lago». La primera historia que desarrolle en ese escenario fue «Pedro, Damián y Macario», donde Pedro era yo, por supuesto. Originalmente era un relato sencillo que hablaba de los jóvenes que vivían en La Villa del Lago y todos ellos giraban en torno a Carolina, la bella adolescente de la que todos estaban enamorados. Había aventuras y mucha fantasía. Recuerdo a un tal Lucas Ontiveros, el inventor, una especie de Ciro Peraloca, ridículo y fracasado, amigo de los jovenzuelos, que ponía de cabeza a la comunidad con sus frustrados inventos. La villa era apenas un pueblito pintoresco y en la isla no había casa alguna(2) Todos estos apuntes eran humorísticos, llenos de personajes graciosos y situaciones ridículas.  De aquí salió una historieta para el olvido que se llamaba Tito Capistrán, un jovenzuelo tímido quien era la víctima de las locuras y barbaridades de don Lucas. 

La historia al principio me pareció buena. Pero con más años y más lecturas me pareció insulsa, por no decir pueril. Naturalmente yo no tengo el talento de Mark Twain para desarrollar con éxito una novela juvenil. Por este motivo mis papeles fueron pasto de las llamas y sepulté aquel vano intento en el olvido. 
Sin embargo, mi mundo imaginario quedó intacto: la villa, la isla y el lago (no sé por qué me gusta mencionarlos en ese orden).
Y es así como empecé a escribir «Sangre de abril». Aquí ya irrumpe en escena el enigmático señor Humberto Domingo Péribán.

«“Sangre de abril”  es una historia sin historia, sobre un lugar donde nunca pasa nada, y acaso sea la más bella historia de amor/humor jamás contada (en una cita falsa de José Saramago). Alguna vez declaré, no sin ironía que en mi novela no sucede nada en absoluto: nadie se muere, nadie hace el amor, nadie se enferma y todo transcurre con la apacibilidad de los días del verano. Desde las primeras líneas vemos a Humberto Domingo en la casa de la isla del lago. En ella coincide con los hermanos Carolina y Damián Hernández de los Santos. La residencia es descrita como una casa enorme, de dos plantas, con una terraza en la parte frontal, a la sombra de unos grandes árboles que le daban frescura a toda hora del día, en un lugar —casi el centro de la isla—que por su ubicación disfrutaba de la constante brisa lacustre. Tenía amplios ventanales de persianas y puertas de madera maciza, elegantemente talladas y adornadas con vitrales, el cielo raso pulcramente pintado de blanco. La sala era amplia, espaciosa y bien ventilada, amueblada con originalidad y buen gusto. Por medio de una puerta falsa se accedía al comedor, a un costado de la cocina, cuya puerta lateral daba al patio trasero. Había una escalera con pasamanos de fina madera bruñida que ascendía a la segunda planta describiendo una curva armoniosa sobre una cantina de caoba repleta de botellas de exquisitos y bien selectos vinos y licores. En la segunda planta estaban las recámaras y un privado con una biblioteca con una gran profusión de obras literarias, enciclopedias, diccionarios y otros materiales de consulta (periódicos, revistas, folletos y boletines informativos). Es por demás decirlo, este era el espacio de Humberto Domingo. 
»Y en efecto, no pasa nada en esa casa, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual(3). Viven con los muchachos (Humberto apenas tiene veintiocho años) una pareja encargada del cuidado de la mansión. Estos son don Tomás y doña Irene (en algunos textos esta mujer aparece con el nombre de Inés) porque dicha residencia pertenece a don Laurencio Villegas, el dueño y señor de toda la región.
La mansión, en la isla

«Sangre de abril» con el correr del tiempo pasó a ser «En estos días». El cambio de nombre fue porque ya hay un libro con ese título(4). Mientras tanto fueron llegando otros personajes a La Villa de la Isla del Lago y se fueron estructurando otros relatos: «El día feliz que está llegando» y «Días y flores». Un lector atento ya se habrá dado cuenta de qué va la cosa. Todos estos títulos están relacionados con canciones de Silvio Rodríguez. 


Me explico.
Hubo un tiempo que anduve en la farándula. Es una manera amable de expresar mi incursión en la lírica popular como requintista de trío. Mi calidad como guitarrista y cantante, que no era muy buena, mejoraba en función del grado de ingestión etílica. No era del todo malo, después de todo. Solo que el que llevaba la armonía siempre debía andar atento cuando me largaba improvisando. Contaminado de boleros, valses criollos y tangos, no es raro que entre líneas, al estar elaborando un texto, de pronto así y a veces sin venir a cuento, incluya versos de alguna canción. En algunos casos, estas interpolaciones saltan inconscientemente. En otros, busco deliberadamente el trazo efectista. Es como un juego. Y en virtud de que en mi periodo de trovador llegué a contar en mi repertorio con casi un millar de canciones, esto no me resulta difícil. Un poco como la historia del tipo ese que estaba recluido en un manicomio que solo sabía expresarse a través de letras que ha escuchado de tangos. «Fermín», creo que se llama, es un film argentino. 
Hablemos entonces de Silvio Rodríguez.
Debo reconocer que a Silvio Rodríguez nunca lo pude interpretar. Para ello se requiere una técnica que desafortunadamente no tengo. O vaya usted a saber, a lo mejor si lo hubiera intentado  con vodka. Sin embargo disfruto mucho de la poesía de sus canciones. Desde niño me acostumbre a imaginar historias escuchando canciones. Fue Arturo Pérez-Reverte quien definió los corridos de los Tigres del Norte como novelas de tres minutos. De hecho me parece que el corrido «Contrabando y traición», también conocido como «Camelia la Texana» inspiró la novela «La reina del sur». Pero muchos años antes yo creaba imágenes mentales escuchando las canciones de Silvio Rodríguez. Hay una hermosa canción de Silvio que se titula «¿A dónde van?» que en una de sus líneas dice: a dónde fueron mis palabras sucias, de sangre de abril. Partiendo de esta pieza Imaginé toda una secuencia, no sé si decir novelística, la ambienté en la isla del lago y la armonicé con unos viejos apuntes sobre un amor juvenil que ya había esbozado en «Pedro, Damián y Macario». La historia me salió más o menos bien. Pero hubo entonces la necesidad de establecer un antes y un después de estos hechos. Es así como empiezo a escribir «Días y flores» y «El día feliz que está llegando»

«Sangre de abril» con el correr del tiempo pasó a ser «En estos días». Hice el cambio de nombre porque ya hay un libro con este título(5). 


Hace poco, me decía la señorita Conti que mi fijación con el tema de las islas y la creación de mi universo imaginario se corresponde con algo ya vivido.
—Pero yo no conozco un lugar así —le respondí—. Hay un pueblo en la Argentina que fue devorado por un lago y que es conocido con ese nombre: «La villa del lago», pero (que yo sepa) no hay, ni hubo isla alguna.
—Epecuén —dijo miss Conti.
Todos sabemos que miss Conti es una especie de biblioteca ambulante, de modo que su respuesta no me tomó por sorpresa. Así que continué: 
—Y no olvidemos ese hermoso lugar en Eslovenia, junto al lago Bled.

—A eso me refiero —dijo miss Conti—. Usted vivió en Bled en alguna de sus vidas anteriores.

La aseveración de la señorita Conti me tomó por sorpresa. Nunca hubiera creído que la hermosa italiana creyera en la reencarnación. Jamás habíamos tocado el tema, pero por su forma de hablar y su temática, lo último que se me hubiera ocurrido es que ella arropara algún tipo de creencia. Demasiado intelectual diría yo. No obstante ahí estaba, con sus lindos ojos verdes, luminosos a la luz filtrada de los ventanales de mi biblioteca, afirmando la idea que yo en algún momento había llegado a acariciar. Idea que deseché porque me pareció  ingenua. 
—Me creerá usted que alguna vez lo he pensado —dije—. Pero nunca me hubiera atrevido a formular semejante idea.
«Bled es una ciudad donde se han celebrado torneos de ajedrez. En 1931 hubo uno que lo ganó Alexander Alekhine —reflexioné—. No me queda claro si alguna vez Capablanca estuvo ahí. Naturalmente que no necesariamente debo asumir que yo fui uno de los grandes. Pude haber sido una persona totalmente ajena al ajedrez. Esa es una de las limitaciones de los creyentes en la reencarnación. Siempre te sugieren la posibilidad de que hayas sido un gran personaje de la historia. Es decir, si fui el carbonero en Bled, con toda seguridad fui el líder de los carboneros».
—Si existimos, todo lo demás es posible —sentenció la tana.
Luego, sin transición, mirando en redondo los estantes repletos de libros añadió: «Me gusta estar aquí». Corrió los visillos de la ventana. Contempló el patio enchumbado por la lluvia de anoche; en el suelo, las hojas muertas del almendro y volvió con su mirada radiante.
—Me siento acompañada —dijo.
—Es curioso —respondí—, a mí me pasa algo semejante. 
Por las mañanas, me levanto temprano, ingreso a este recinto sagrado, enciendo la luz y tomo asiento en la mecedora. Reclino mi cabeza y cierro los ojos y me dejo invadir por la cercanía de esos amigos invisibles que palpitan en mis libros. Y coincido con la señorita Conti…, me siento acompañado. Hubiera yo querido escribir «…mi soledad se siente acompañada», pero sería una falta de respeto a Pablo Milanés.

Y puedo descansar y soñar con mis islas.

[1] A mi modo había imaginado otra versión de Róbinson Crusoe.
[2] En el lago había una hermosa isla cubierta de vegetación. Aún no estaba la mansión de don Laurencio Villegas. Los chavales tenían una embarcación y a menudo hacían expediciones en la otra orilla del lago y la isla. 
[3] Con perdón de Silvio Rodríguez.
[4] Otra idea que me ganan.

Escritor Pedro LInares (México)