Bienvenidos: Revista La Urraka Internacional
Edición N° 33


Portada:
Mujeres trabajando
Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

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domingo, 25 de mayo de 2014

El cuento en La Urraka


Historia del chocolate

¨El dios Quetzalcóatl, ¨Serpiente Emplumada¨, en su segunda bajada a la tierra decidió sembrar plantas desconocidas hasta entonces por los antiguos mayas, trayendo fertilidad y cosechas. 

Esa vez Quetzalcóatl se presentó tan brillante en el cielo que se parecía a la estrella Venus; se estacionó al lado del volcán Popocatépetl y durante los largos meses que duró allí en las alturas,  dio origen al cacao, al totumo, al tabaco, al maíz y muchas más plantas. 

Luego de los meses que estuvo Quetzalcóatl generando plantas, Chac,  el dios de la lluvia,  inició un período de aguaceros que favoreció el crecimiento de los vegetales dando pronto sus frutos. 

Al finalizar este ciclo, la Mujer Búfalo Blanco salió de la cueva donde se guarecía de la lluvia, Ahau el sol, la observaba y decidió salir él también. Y para alegrarle la mañana le llamó la atención con el bello arcoíris que formaban sus rayos de luz sobre las casi invisibles gotas de rocío suspendidas en el aire.

Con sus ardientes rayos el astro rey,  tostó unas semillas del árbol conocido como cacao. Le había pedido permiso a Ec Ahau, el llamado Jefe Negro, dios de las plantaciones de cacao, Ec Ahau se lo había concedido con la condición de no permitirle a los hombres tener acceso al cacao; porque esta bebida estaba reservada sólo para los dioses.

Entonces el sol invitó a la Mujer Búfalo Blanco a comerlo pero como a ella le gustaba tanto el dulce, Ahau decidió agregarle un poco del néctar de la Flor del Paraíso, otro poco del agua del Río Azul y lo preparó en la vasija de barro que hay al final del arcoíris, a la derecha.

La Mujer Búfalo Blanco portadora del conocimiento ancestral, apartó de su bello rostro los largos cabellos blancos que se lo enmarcan, cogiendo para ayudarse una flor violeta con centro rojo: la orquídea. Se sentó sobre el inmenso tronco envejecido de un caracolí, que había caído con la última tormenta y allí junto a ella se personificó Ahau, en un gran hombre de tez dorada con largos cabellos refulgentes de color rojo; quien le ofreció en unos totumos cortados por él mismo, la fragante, espumosa y deliciosa bebida. Los dos sentados uno al lado del otro tomaron entonces sendas totumas con chocolate… 

Sin embargo ellos estaban siendo observados por un grupo de cazadores indígenas que estaban escondidos tras los matorrales de la selva, quienes al ver cómo había procedido Ahau decidieron recolectar unos frutos del cacao y llevar de vuelta a su aldea el cacao y su forma de prepararlo. 

Cuando llegaron, el jefe de la tribu quien se llamaba ¨Hijo Privilegiado¨, premió a los cazadores, ellos narraron sus aventuras alrededor de una fogata esa noche. Contaron lo que habían visto, cómo había actuado Ahau con el fruto hasta ese momento desconocido para ellos. 

En tanto, los venados, liebres y chigüiros cazados ese día fueron  asados y repartidos entre todos los de la tribu: desde el más viejo hasta el más joven, hombres y mujeres tuvieron oportunidad de comer de lo cazado ese día. 

Los hombres que habían traído el fruto del cacao, prepararon el chocolate con miel recogida de los troncos de los árboles, le agregaron chile dándole  así un rico sabor picante; todos en la aldea sin excepción probaron el chocolate que los animó y fortaleció. La caza de ese día había sido muy buena y la nueva bebida era deliciosa. 

El jefe de la tribu tenía una hija a quien llamaba Izel, que quiere decir ¨Única¨, la llamó así porque era la única hija que tenía. 
Ella con el tiempo descubrió que si calentaba por un largo rato el chocolate, obtenía una grasa que las mujeres usaron en los labios para darles brillo y  humedecerlos: la manteca de cacao. A Izel le gustaba aprender de las mujeres mayores como Atzin, ¨Agua Venerable¨, quien era la curandera de la tribu y bajo su orientación practicó con la manteca de cacao, descubrió que servía para curar las heridas. Los guerreros iban donde Única para que los atendiera, entre ellos un joven indígena muy valiente que la miraba con ojos enamorados. Cuicacani o ¨Cantor¨; le llamaban así porque tenía una voz bellísima, además de buen guerrero le gustaba cantar. Cuicacani había sido uno de los que habían traído el cacao y le cantaba a Única: 

¨Hay un secreto de los dioses, 
un secreto dulce, 
un dulce secreto. 
Secreto del dulce amor negro: 
El Chocolate. 
Es ofrenda a las amadas 
como prueba del eterno y dulce amor,
yo te lo traje a ti.¨

Pero cuando Atototzin , el Agua Que se Convierte en Ave, sobrevoló la aldea antes de caer en forma de lluvia, vio lo que los hombres hacían con el cacao, voló a contarle a Jefe Negro que los indígenas la habían usado para preparar chocolate y que  tenían en su poder el secreto del cacao.
El dios de las plantaciones de cacao discutió fuertemente con el sol, pero este le recordó que  El dios Quetzalcóatl, ¨Serpiente Emplumada¨, había creado la vida verde para beneficio de todos hombres. 
Ahau, viendo la osadía de los hombres y su deseo de mejorar, decidió como regalo, volverles la piel como el color del chocolate, desde ese día los indígenas americanos tienen el color de la tez como las semillas del caco tostado. 

Escritora y poeta Yamile Aisa Quiroz Quiroz (Colombia)

1 comentario:

Sermendo dijo...

Hermoso cuento. Esa mezcla de realidad y fantasía; llena su historia de magia.

Saludos