Bienvenidos: Revista La Urraka Internacional
Edición N° 33


Portada:
Mujeres trabajando
Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

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viernes, 19 de octubre de 2012

La poesía en La Urraka


Una voz me habló en un idioma extraño 

Me aburría el canto de mi infancia.
Cada día se mezclaba en mis pensamientos
el hombre que me crecía airado.

Era como una flor esparcida entre ásperas piedras
donde los restos de mis palabras
aún recogían las cenizas del presidio
que se apoderaba de mi sonrisa.

Cuando el dolor me desamparaba
mi tristeza renunciaba a sentarse en el patio
movía la cabeza para ver
dónde se había ido la esplendidez de ese niño
que buscaba vivir una vida de miseria.
Pero el sollozo de mi pecho
se inclinaba pálido y solo
y no escuchaba el adiós enlutado
de las aves que habían comido del níspero.

Siempre había una voz que seguía mis pasos
y me hablaba en un idioma extraño.
Sus palabras cantaban, mientras las palmeras se movían.
Con el acento enternecido
rugía en mis huesos
y convertía en desconsuelo mi vida.
Una tarde dijo mi nombre
y midió mi tiempo entre los placeres de la sangre.
Me prometió cosas
las arrugas de la cara
recuerdos escritos con lápiz
mi pueblo
mi hogar
aquella poesía despreciada
como si fuera una carcajada bajando la pared
al compás del sonido del reloj
que siempre había permanecido despierto
esperando que yo creciera.
Sospechaba que yo vivía de alguna manera
que poseía una ilusión
un exceso
una mirada en alguna mujer
que quizá aún no existía
o que permanecía desamparada en algún nido
hasta que se liberara al íntimo de mis manos
como si fuera una luz nueva en un nuevo día.

Pero mi primer amor, un callado que no supo sostenerse
llegó como un rayo de inocencia
desvanecido en medio de imágenes sombrías
bajo un techo de zinc
y paredes de tabla
que en las noches se recostaban a mis costillas.
Miraba al cielo por el hueco del techo
y respiraba el vacío de la pieza húmeda
triste
dolida
alumbrada por un pobre foco
del color de mi conformismo.

Jamás supe qué vivía
si mantenía el cielo pegado a mis labios.
Tenía penas, pero no las sentía
las vivía
las gozaba.

Escritor y poeta Celso Emiro Montoya Palencia (Colombia)

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