Bienvenidos: Revista La Urraka Internacional
Edición N° 33


Portada:
Mujeres trabajando
Autor: Yemba Bissyende
Técnica: Batik
Medidas: 40 cm x 1m 30 cm

Seguidores

martes, 29 de marzo de 2011

Editorial

Nadie duda de la gran importancia que tienen los talleres literarios en la formación y desarrollo de aquellos que pretenden dedicarse al duro oficio de las letras, pero la eficacia de los mismos pasa por el criterio de quien o quienes dirigen dicho proceso. Decimos esto porque no deja de ser nefasto y deprimente, que las personas encargadas de orientar, por decirlo de alguna forma, la vocación o inquietudes de los que se inician en estas lides, procuren que sus pupilos escriban como ellos. Los talleres literarios no son un culto a la personalidad de quienes lo coordinan o dirigen, la misión esencial es permitir que cada integrante encuentre su propia voz, en el caso de la poesía, o su estilo, si se trata de los cuentistas, cronistas, etc. Es por ello que resulta vergonzoso toparse con “maestros” seguidos de una fila de clones lanzando vivas a los cuatro vientos por la genialidad del jefe, porque, desgraciadamente, se vuelven verdaderos capos de la “cosa nostra” literaria.
Flaco favor se le hace al arte cuando permitimos que nuestro ego campee por encima del compromiso que adquirimos al ponernos a la cabeza de un taller literario y olvidamos que tenemos al frente a personas sin una sólida instrucción y que andan buscando una forma de manifestarse, dispuestos a confiar en el escritor al que reconocen con mucho mayor estudio y experiencia que ellos.
Un director de taller puede sentirse satisfecho cuando logra que los integrantes aprendan a respetar el oficio, a entender que es una disciplina que requiere mayor lectura que escritura, que la autocrítica es absolutamente necesaria e imprescindible, a recibir y exponer las críticas con altura, que publicar no es urgente ni de vida o muerte, a no mirar como rivales y mucho menos como enemigos a los demás creadores, a ser humildes y reconocer que quizás su fuerte no sea la literatura, a buscar y encontrar el propio camino, algo tan ineludible e importante para trascender en este campo.
No se trata de auto promocionarse, como hacen algunos profesores universitarios en su cátedra, que se ponen de acuerdo entre ellos para colocarse de lecturas obligatorias y cultivar el mutuo elogio. El tallerista debe ser un facilitador, no una camisa de fuerza para quien se inicia. Un clon nunca conocerá el sendero de la originalidad, está condenado al fracaso, a la rodilla en tierra, a ser un segundón. Su nombre tal vez sea mencionado una que otra vez por influencia del director, pero su trabajo será parasitario y transitorio.
Este editorial, en esta ocasión, pretende ser un llamado a la reflexión, no sólo para quienes manejan grupos, tertulias y talleres literarios, sino de cualquier rama del arte, para que permitan el crecimiento de sus discípulos. El mayor honor de un maestro es que su alumno se haga independiente y siga solo por el camino que se construya a sí mismo.

7 comentarios:

Mayi dijo...

Estimado Juan Carlos, gracias por contarme entre los receptores de este regalo cultural.
Acertado, coherente y muy oportuno el editorial. Es triste el nivel de la oferta de talleres. Destaca el afán de producir resultados económicos y figuación, en detrimento de la orientación debida a los asistentes y un mejor producto.

en Barranqujilla dijo...

Excelente editorial Juan. Ojalá llegue a los ojos de quienes tiene que llegar. Los seudos maestros, uffff, muchísimos, aunque también es como en la religión, hay quienes siguen doctrinas de hombres en cabeza de unos cuantos que se encargan de ello, pero también es cierto de la debilidad en el ser humano, el no atreverse ser ellos... mejor dicho, responsabilidad compartida.
Gracias por compartirme este nuevo número.
Te mando un abrazo super especial.
Dina Luz

Oriflama dijo...

Juan Carlos Céspedes, estoy totalmente de acuerdo contigo en cuanto a lo de los directores de Tertulias o Talleres tanto de Poesía como de cuento, es preciso dejar a cada cual seguir su camino, solamente enseñando lo que nunca se debe de hacer, bajo un punto de vista objetivo, pero no hacerlo como el propio director. Eso sería un graso error. Es preciso antes que nada, enseñar a leer autores consagrados mundialmente. Y aún así nunca son todos los que están...

Anauj dijo...

Totalmente de acuerdo contigo, Juan Carlos. El director, coordinador, o como queramos llamar a todo aquel que tiene entre manos un Taller o grupo Literario (o de cualquier tipo), deberá dejar volar en libertad a sus pupilos al igual que lo hacen los maestros de primaria, los de secundaria, los universitarios, los padres... Nosotros sólo estamos para hacer que vislumbren un camino, el de su propio estilo, luego ellos son los encargados de continuarlo y, a poder ser, mejorarlo.
Un abrazo y felicidades por el nuevo formato.
Juana.

Anónimo dijo...

Juan Carlos, un acertadísimo concepto, aunque al menos yo, conozco excepciones. Hay enojo en tu texto y posiblemente "sí sea para tanto..", en la literatura siempre se espera que aparezca alguien que haga el quiebre y de pronto tengamos algún Vallejo, algún Huidobro,y para eso se necesita la libertad de poder escribir del modo que se sienta. El tallerista debe ser solo quien motive y oriente, creo que esto que vos decís es una de las razones por la que muchos ven en la palabra taller una mala palabra. Un abrazo

Lily Chavez

Cristian Jose dijo...

Excelente editorial, totalmente de acuerdo, sin mencionar nombres, el otro dia vi la produccion literaria de un taller literario de una ciudad de la costa y realmente fue triste, deprimente y eternos los minutos que tuve que dedicar a escuchar semejante...bien, bajemos de bueno. Nos vemos el sabado (Disculpen las tildes, esta como simepre dañado el teclado)

Anónimo dijo...

Muy de acuerdo, pero recuerda que hay ocasiones que en los talleres son varios los que se dicen MAESTROS, y mientras unos toman la actitud que tu sigieres o defiendes, otros se dedican a despotricar y a argumentar sin una obra real que los respalde, cuando se tiene cola de paja hay que andar con cuidado entre el fuego.